1 de junio 2010 - 00:00

Matta-Clark, mucho más que “anarquitectura”

Las obras del artista estadounidense Gordon Matta-Clark (fallecido a los 35 años en 1978) se caracterizan por la eliminación de límites entre arquitectura, escultura, dibujo y fotografía.
Las obras del artista estadounidense Gordon Matta-Clark (fallecido a los 35 años en 1978) se caracterizan por la eliminación de límites entre arquitectura, escultura, dibujo y fotografía.
«Deshaciendo el espacio», muestra antológica de Gordon Matta-Clark se está exponiendo en Río de Janeiro, en el Palacio Imperial (Paço Imperial), cuyo edificio histórico fue restaurado e inaugurado como centro cultural en 1984.

Las obras de Matta-Clark se caracterizaron por la eliminación de límites entre arquitectura, escultura, dibujo y fotografía. Tempranamente fallecido a los 35 años, Matta-Clark (Nueva York 1943-1978; hijo del artista chileno Roberto Matta), llegó a convertirse en un creador singular internacionalmente reconocido en su tiempo. A mediados de los años 60 estudió en la Escuela de Arquitectura Cornell de Ithaca. En 1969, conoció a Dennis Oppenheim y colaboró con él en la organización de la muestra «Arte de la Tierra», en la Universidad Cornell. En aquel año se trasladó a Nueva York.

Se destacó por sus investigaciones sobre el espacio en sus esculturas, fotografías y también el material documental y los videos con sus cuttings. Participó en los comienzos de lo que posteriormente fue conocido como el Soho. En el inicial espacio de exhibición de la calle Green Street, que luego se convirtió en la galería de arte White Columns, fundió botellas para transformarlas en ladrillos de colores.

Sin duda sus obras más singulares fueron las de la anarquitectura. Utilizó trozos de pared de edificios: los quitó de casas abandonadas o edificios en demolición para utilizarlos como elementos escultóricos. En «Splitting» seccionó una casa suburbana de madera por el centro (Nueva Jersey, 1974). Dividió la vivienda en dos partes con un corte vertical y removió las cuatro esquinas del techo y el material de los cimientos para retirar una mitad de la casa. Es una de sus obras más conocidas de esta serie en la que el artista criticó la estandarización de la arquitectura suburbana características de las primeras décadas de la posguerra.

«Sus fragmentos de viviendas fueron verdaderos exorcismos del mundo de lo construido y probablemente sus mejores trabajos», escribió Oppenheim.

Entre otras obras de esta serie, en Amberes, perforó con una sierra los pisos de un edificio haciendo agujeros en forma de lágrimas. En París, cuando se estaba construyendo el Centro Pompidou, intervino en un par de casas antiguas que iban a ser demolidas y les realizó aberturas cónicas. «Busco estructuras que tengan características de identidad histórica y cultura. En París, fui afortunado al encontrar justo esa situación. El trabajo se hizo en dos casas del Siglo XVII. Eran las últimas de un barrio de edificios demolidos para mejorar el área de Les Halles-Plateau Beauborg», dijo en una entrevista.

«Muchos de mis trabajos que tienen implicaciones arquitectónicas son realmente acerca de la no-arquitectura. Plantean una alternativa a aquello que normalmente es considerado arquitectura: la anarquitectura».

Resultado de sus reflexiones sobre el espacio, fueron sus fotografías en blanco y negro tomadas en lugares habitualmente no considerados por la mirada cotidiana: registró sectores entre los pisos de edificios, sobre los techos de un desván, sectores de la tubería de los rociadores contra incendio. «Abriendo un panorama a lo no visible» fue uno de sus juegos de palabras, que podría considerarse como un posible manifiesto de su postura estética. Interesado por las nuevas tecnologías, realizó sus cibacromos brillantes, con imágenes a color grandes, vertiginosas y llamativas.

Matta-Clark trabajó también con directores de ballet y coreógrafos: la danza tuvo un papel importante en sus primeros videos y films, como en «Tree Dance».

Desarrolló la idea del original restaurante Food, manejado por artistas. Una de las cofundadoras, la escritora y bailarina Caroline Yorke Goodden, recordó: «Pensó en un restaurante como una gran escultura y diseñó todo: mesas, mostrador, recipientes, utensilios. Todavía tengo los dibujos».

En una de sus experiencias, una película muda a color, de 1974, documentó breves acciones en lo alto del Edificio Clocktower, en Lower Manhattan. Allí planteó una relación radical entre la cámara y el cuerpo del artista en el entorno urbano. Vestido con un impermeable negro, mallas negras y guantes blancos (como un Carlitos Chaplin moderno), se cepilla los dientes y se baña con una manguera mientras hace equilibrio sobre los bordes del reloj del edificio donde se recuesta y hace girar casualmente las manecillas. Por último, una toma abierta de la cámara muestra el panorama desde Broadway en el que Matta-Clark se ha convertido sólo en una mancha en lo alto de ese paisaje urbano.

«Conocí a Gordon en el período de su anarquitectura hacia 1971 y luego llegamos a ser amigos muy cercanos durante los últimos cinco años de su vida. Era una de las personas con las que podía hablar», recordó el artista Joseph Kosuth, quien estuvo con él en Bélgica cuando realizó «Office Baroque» (1977).

Matta-Clark había participado en la V y la VI Documenta de Kassel (1972 y 1978). En la X Documenta de 1997, la curadora Corinne Diserens señaló en una conferencia: «La obra de Gordon Matta-Clark introdujo en Estados Unidos y en Europa nuevos modos radicales de explorar subvertir el entorno social y de las propuestas artísticas experimentales. Sus ideas y sus obras han tenido una creciente influencia en las sucesivas generaciones de artistas, arquitectos, estudiantes, y nunca cesaron de activar preguntas aún relevantes sobre las condiciones de vida».

La exposición de Matta-Clark, itinerante por ciudades de Sudamérica, fue organizada por el Museo de Arte de Lima, en colaboración con el Legado de Gordon Matta-Clark y el apoyo de David Zwirner de Nueva York.

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