24 de abril 2013 - 00:00

“Me propuse más una novela que un tratado musicológico”

Scalisi: “Ginastera murió sin cerrar un capítulo importante en la reconciliación con la Argentina, que era volver, reencontrarse con sus raíces y cerrar ese vínculo doloroso que dejó como una herida cuando se fue del país”.
Scalisi: “Ginastera murió sin cerrar un capítulo importante en la reconciliación con la Argentina, que era volver, reencontrarse con sus raíces y cerrar ese vínculo doloroso que dejó como una herida cuando se fue del país”.
Revelar el vínculo que une a un padre famoso, un artista de genio, con su hija, fue uno de los desafíos que asumió Cecilia Scalisi con el libro "De padre a hija", una obra construida a partir de diálogos con Georgina Ginastera y de las cartas que Alberto Ginastera le envió durante una década a su hija, libro que publicó Sudamericana. Cecilia Scalisi es Licenciada en Arte, periodista especializada y gestora cultural. Estudió en el Conservatorio provincial de Córdoba, en el Conservatorio Nacional de Música, y musicología en el Humboldt de Berlín. Sostiene que "la música le da los parámetros para organizar una idea", y la llevó a conjugar en "De padre a hija" documentos, biografías y ficción de un modo novedoso que tiene el clima de una novela. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Su libro surge de dos encuentros casuales: el de Georgina Ginastera con las cartas que el enviaba su padre desde diversos países, y su encuentro con la hija del gran compositor argentino?

Cecilia Scalisi:
Esos encuentros fueron ciertos para Georgina. El proyecto para mí surge de otra manera. En 2006 Georgina redescubre una vieja caja donde están las cartas que le envió su padre durante una década, de 1971 a 1982. En un segundo momento me conoce y me propone hacer algo periodístico con esa correspondencia. Por ejemplo, una entrevista en donde ella comentara las cartas por orden, por temas. Eso no me pareció interesante. Las cartas no ofrecían un material rico en cuanto a revelaciones o al tratamiento de las obras de Ginastera. Pero eran interesantes porque mostraban el diálogo de un compositor con su hija. Eso me llevó a plantearle pensar otro formato, uno más literario. Dado que lo principal que tienen las cartas es su valor afectivo, eso me permitía explorar a Alberto Ginastera como padre. Y la relación de una hija con un padre famoso, que tenía su propio mundo conflictivo. Eso me llevó a ordenar las cartas cronológicamente. Y a desarrollar creativamente algo que fuera como el flahback que le provocaba la lectura de cada carta.

P.: ¿Le planteó a Georgina que leyera las cartas y anotara lo que le ocurría?

C.S.:
Le propuse temas para recabar información. Cómo era la casa de sus abuelos. Cuándo escribía su padre, ¿de día o de noche? Qué relación tenía con su hermano. En esas entrevistas nunca leí las cartas con ella. Ni quise ver qué le producían las cartas, cómo la llevaban a flashbacks. Eso era mi aporte. Esperé y cuando tuve todo el material armé el rompecabezas de asociaciones. Fue algo muy complejo. Debía realizar una trama que reuniera la línea cronológica de las cartas, una línea que permitiera comprender la vida de Ginastera, una línea de una obra musical suya - el "Popol Vuh"- como hilo conductor. Y elegí ésa porque es la que enlaza su infancia con el final de su vida, porque queda inconclusa.

P.: Y es en la que, desde el exterior, busca restablecer su relación con América Latina.

C.S.:
Con sus raíces, pero a la vez me permitía enlazar la relación de Ginastera con su mujer. En la selección de la obra no quería caer en algo trillado como "Estancia" o "Bomarzo". "Popol Vuh" era un hilo conductor musical muy atractivo. Después estaba la historia de Georgina, que era la más fuerte. Y luego la de su hermano, y la de su madre, la familia. Debía percibirse a Ginastera cumpliendo con sus deberes de padre, de compositor, de músico. Eso me llevaba inevitablemente a su relación con la Argentina, y con la fama. Pero diría que mi principal objetivo fue mantener la fluidez del relato, la continuidad y una cierta frescura en el suceder de los recuerdos de Georgina. Lo primero que me motivó fue unir las escenas de forma cinematográfica y, a la vez, con una cierta cadencia musical. Quise que fuera más una novela que un tratado musicológico, que era algo que no tenía sustento alguno.

P.: Ese aliento narrativo lo consigue asumiendo la voz de Georgina, contando la historia en primera persona.

C.S.:
Ella quería que estuvieran las cartas y yo hablando como periodista, lo que no me parecía fructífero. Al tomar la voz de Georgina tuve que explorar en mí misma ideas y sentimientos para que lo que ella dice resultara auténtico. En eso Georgina me dio total libertad. Y creo que el mayor logro del libro es que los lectores piensen que me fue dictado.

P.: ¿Qué descubrió al vivir la historia desde Georgina?

C.S.:
Que los tiempos de un padre y los de un hijo tiene distinta velocidad, otro contenido. Y que en cada momento de la vida a una misma cosa se le da un contenido diferente. Que los encuentros no se producen por relaciones fortuitas, y uno tiene que estar a tiempo de recuperar los vínculos. En el libro se ven los constantes encuentros y desencuentros. entre padre e hija.

P.: Ginastera, por más que participó en el renovador Instituto Di Tella, era un católico seguidor de Tomás de Aquino.

C.S.:
La contradicción aparece de muchas maneras, por ejemplo en que le reclama todo el tiempo a Georgina que le escriba y, al mismo tiempo, él se va a Europa durante siete años, y nunca vuelve a la Argentina. Ella tiene un hijo que será el único nieto de Ginastera. Y eso no es motivo suficiente para que él retorne para conocerlo. El ego que tiene como artista y el regreso a un país del que se siente expulsado, lo fuerza a decir: sólo vuelvo si tengo un proyecto tan grande que merezca volver. Cuando le censuran "Bomarzo" toma la decisión de que, hasta tanto no se reponga "Bomarzo" no permitirá interpretar sus obras en el Colón. A esto se suma una crisis matrimonial que termina en divorcio. La transformación que se da en los años sesenta, el malestar que siente, lo conducen, como por un embudo, al encuentro con Aurora Ginastera, que tiene una historia muy distinta. Ella ya está radicada en Ginebra. Era del tipo de artista que dejó joven la Argentina, convencida que aquí no se podía hacer carrera, que la única "salvación" era irse, un concepto lamentablemente muy difundido.

P.: Es el camino de Cortázar, entre otros, que alcanza la fama instalado en París.

C.S.:
El de Ginastera es el camino completamente contrario. Había triunfado en la Argentina siendo joven con un lenguaje netamente criollo, con las raíces folklóricas, Cuando deja la Argentina hace una ruptura estilística, se adentra en el dodecafonismo, en un lenguaje mucho más vanguardista, se despega totalmente de sus lazos nacionales. Ese camino inverso lo transita queriendo conseguir mayor popularidad, sabiendo que la popularidad la había alcanzado por hacer absolutamente lo contrario. Ese choque interno en un hombre inteligente debe haberle provocado muchos conflictos

P.: Sobre todo ante el éxito que lograba en Francia su alumno Astor Piazzolla.

C.S.:
El buscaba la popularidad del cariño de la gente, ser reconocido; no que le encargaran una obra, porque eso ya lo tenía. El quería ese reconocimiento del que gozaba Borges. Curiosamente sus restos están en el mismo cementerio, en el Plainpalais de Ginebra, Su tumba está al lado de la del director de orquesta Ernest Ansermet. Ginastera murió sin cerrar un capítulo importante en la reconciliación con la Argentina, que era volver, reencontrarse con sus raíces y cerrar ese vínculo doloroso que dejó como una herida cuando se fue del país. Y el acá tuvo todo, desde muy joven sus estrenos en el Colón (cuando todavía era uno de los cinco grandes teatros del mundo), los premios más importantes y su consagrada salida al mundo. Aquí daba clases, había creado una universidad, la U.C.A., estaba en el Di Tella, tenía una vida social muy activa. Georgina piensa que su padre tendría que haberse radicado en Nueva York, un lugar más parecido a Buenos Aires por su rica vida cultural. En Ginebra no tenía clases ni alumnos, se fue marchitando. Y él eso lo canalizó en la insatisfacción con la Argentina.

P.: ¿Georgina Ginastera eligió las cartas que le dio a leer?

C.S.:
Me dio la cartas seleccionadas, con los fragmentos que quería sacar. La comprendo porque son cartas muy personales y está en juego su familia, y seguramente nombres de gente muy conocida. Eso sí, no creo que haya grandes revelaciones. Por otra parte, había repeticiones que no aportaban nada.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

C.S.:
Algo muy diferente a "De padre a hija", que es una ficción documental. En este momento proyecto una ficción que, como siempre, está ligada a la música.

Entrevista de Máximo Soto

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