- ámbito
- Edición Impresa
“Medea” 2009: 25 siglos no es nada
Cristina Banegas: «La intención era que se escuche la Medea de Eurípides sin el aparataje académico habitual».
«Estoy asustada como corresponde en estos casos» -confesó la actriz a este diario antes del debut. «Y al mismo tiempo me siento gozosa de haber llevado adelante un proyecto tan difícil. Encarnar estas palabras que vienen resonando hace 25 siglos es algo que conmueve porque el alma humana sigue teniendo los mismos dilemas y contradicciones.»
Periodista: ¿Tanto trabajo le demandó esta versión?
Cristina Banegas: Es un género muy poco frecuentado en la Argentina. No tenemos una tradición de actuación trágica. Con Lucila Pagliai estuvimos trabajando más de un año con el texto en griego, cotejándolo con una traducción francesa y otras cinco en español.
P.: ¿Que quedó del texto original?
C.B.: Yo creo que pudimos construir la ilusión de que se escuche a Eurípides al quitarle toda el aparataje académico y la gallegada propia de las traducciones al español que son tan difíciles de decir para nosotros los actores. No hay un sólo tú en toda la obra y tampoco hay voseo. Hemos cambiado los nombres mitológicos por los términos de uso corriente: la justicia es la justicia; Eros es el deseo. No nombramos al dios sino a lo que éste representa. No fue una intención didáctica, seguramente hay mucha gente que conoce esa equivalencia, simplemente nos pareció mucho más interesante decir «amor» que «Afrodita».
P.: Medea es una mujer inteligente y apasionada que defiende sus intereses. A la vez se comporta como una furia destructiva que mata a sus hijos para vengar la traición de su esposo. ¿Cómo explica su conducta?
C.B.: He leído bastante sobre Medea y no tengo ninguna clase de juicio moral ni ético sobre ella, porque entiendo que un actor que enjuicia a sus personajes no debería actuar, debería dedicarse al derecho penal.
P.: ¿Esta mujer no es la encarnación de las fuerzas más oscuras y destructivas de lo femenino?
C.B.: Medea es una hechicera, una maga, una princesa bárbara, en el sentido que le daban los griegos que llamaban bárbaro a todo extranjero. Así se sigue pensando en el primer mundo, como por ejemplo cuando llegan los balseros de África a Europa. Se ve que la cabeza de los humanos no ha cambiado mucho en estos 25 siglos. Medea se atreve a lo peor, pero también creo que es de una coherencia extraordinaria consigo misma. Ella es muy lúcida. Cuando Jasón la abandona para casarse con la hija de Creonte, lo acusa de que su amor consiste en emparentarse con el poder.
P.: Entonces, 25 siglos no son nada...
C.B.: Seguimos haciendo las mismas cosas. El poder sigue siendo el poder; la traición y el amor siguen siendo los mismos. Es extraordinario que este material siga siendo tan cercano a nuestro pensamiento actual, inclusive a nuestras ideologías. Me acuerdo que cuando hacíamos «Antígona» con Adriana Genta -ella como Ismene y dirigidas por Alberto Ure- ambas comentamos que era como estar en contacto con un material radioactivo, como tener granadas que te estallan en la cara. Para mí hacer «Medea» es volver a algo explosivo y profundamente trasgresor.
P.: Y para compensar tantos «excesos» ¿seguirá haciendo de analista en «Tratame bien»?
C.B.: Sí y ahí no mato a nadie. Me encanta mi personaje de Clara que ahora está medio de novia y cada vez tiene más humor. Yo, como buena argentina, me analicé durante muchos años y creo que esa experiencia sirvió para que las intervenciones de Clara no sonaran tan dogmáticas como aparecían en el guión.
P.: Más de uno le debe haber dicho que usted le recuerda a su analista...
C.B.: Y también me dijeron: «Me quiero analizar con usted». Lo que me resulta muy divertido.
Entrevista de Patricia Espinosa


Dejá tu comentario