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Mejía Godoy: buena voz para letras envejecidas

Luis Enrique Mejía Godoy asomó a la luz internacional -al igual que su hermano Carlos-, cuando, en 1979 y apenas después del triunfo sandinista, regresó a su Nicaragua natal. Antes, se había mudado a Costa Rica para hacer la carrera de Medicina pero el cambio político lo decidió a dedicar su vida a la música y, por entonces, también al nuevo gobierno, del que fue funcionario en el área de Cultura. Por aquellos años, sus canciones en lenguaje popular, sostenidas musicalmente en el son, la cumbia y el bolero, apuntadas a la comunicación inmediata con las multitudes de toda América, empezaron a circular; y los Mejía Godoy a recorrer todo el continente, incluyendo a nuestro país, para presentar su trabajo, mitad artístico mitad político.
Pasó tiempo. Hoy el sandinismo está nuevamente en el poder pero a través de elecciones, y son muchas las cosas que han pasado en estos años. Y el cantante ya no tiene la popularidad que vivió en los 80. De modo que sus temas «de denuncia», que conviven en este disco con otros más paisajísticos o simplemente costumbristas, ya no tienen el mismo peso. Pero lo que sí ha conservado es su voz potente, su expresividad, su sencillez, su lenguaje directo, su buen contacto con los géneros centroamericanos. Y como pasa habitualmente en los combos de esos orígenes, es notable la participación del acompañante grupo Tierra fértil, a los que se sumó una larga lista de músicos invitados.
R.S.


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