22 de agosto 2011 - 00:00

Mercados, en alerta hasta el viernes, cuando hable Bernanke

Ben Bernanke
Ben Bernanke
Con los mercados al borde del abismo, esta semana todas las expectativas estarán enfocadas en el discurso que el titular de la Fed, Ben Bernanke, dará el viernes en la tradicional reunión de Jackson Hole. Esta cumbre de banqueros centrales, organizada desde 1978 por la Fed de Kansas en Wyoming, será el epicentro de las esperanzas de los inversores luego del desengaño generado por la reunión entre Angela Merkel y Nicolas Sarkozy en París.

Aunque saben que deberán esperar hasta el viernes, albergan cierto optimismo porque recuerdan que en la misma cumbre un año atrás Bernanke dejó trascender las primeras señales sobre lo que sería el QE2 (la segunda ronda de estímulos monetarios).

Por ende, todo el mundo aguarda alguna pista sobre un nuevo plan de estímulo monetario ante el temor de una recesión.

Sería un primer paso para ir tranquilizando a los mercados, mientras en Europa siguen negociando el camino de los eurobonos.

De todos modos, las principales Bolsas del mundo tendrán que atravesar un espinoso camino de nuevos datos económicos hasta que hable Bernanke. Entre las citas más relevantes se destacan el PBI del segundo trimestre en Estados Unidos, precisamente el mismo viernes, e indicadores del nivel de confianza de inversores y consumidores en EE.UU. y en Europa.

Pero antes habrá hoy datos de la economía china y de la norteamericana (índice de actividad de la Fed de Chicago). Mañana y el miércoles lloverán indicadores de la salud de las economías francesa y alemana y de la eurozona en su conjunto. El jueves vendrá, entre otros, el dato del nivel de solicitudes de subsidio por desempleo en EE.UU.

Mientras Wall Street intentará contener el malhumor hasta el viernes, en Europa los tiempos se agotan luego de que Francia y Alemania dejaron pasar la oportunidad de París para enviar un mensaje esperanzador. Todo lo contrario, no hicieron más que aumentar la desazón al rechazar los eurobonos e impulsar la aplicación de una tasa a las transacciones financieras. Así, las Bolsas europeas le contestaron rápidamente con pérdidas semanales del 10%. De poco sirvieron las prohibiciones a las ventas en corto o en descubierto que implican apuestas a la baja. En el Viejo Continente claman por la emisión de los eurobonos para garantizar la financiación de los países en dificultades de la eurozona, y del otro lado del Atlántico rezan por un QE3 que permita esquivar la temida recesión.

Tras el derrumbe de la semana pasada se alzaron más voces para distinguir que no se trata de una crisis como la de 2008. Según los analistas, una de las principales diferencias entre el mercado actual y el de 2008 radica en que los efectos extraordinarios que hoy se sufren no han sido del todo inesperados, como sí ocurrió hace tres años. Es más, dos de los cuatro temores que han acechado a los mercados fueron superados: el temor a que China sufriera un aterrizaje brusco parece no darse y los problemas sobre el aumento del techo de la deuda de EE.UU. quedó a un costado. Restan aún dos temores: la deuda soberana norteamericana y la europea.

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