13 de mayo 2011 - 00:00

Messiaen con la magia de Muraro

El extraordinario pianista francés Roger Muraro ofreció un inolvidable recital en el Colón, en el marco del Tandem Buenos Aires-París.
El extraordinario pianista francés Roger Muraro ofreció un inolvidable recital en el Colón, en el marco del Tandem Buenos Aires-París.
Recital de Roger Muraro (piano). Obras de C. Debussy, O. Messiaen y H.Berlioz-F. Liszt. Festivales Musicales de Buenos Aires, primer concierto de abono. (Teatro Colón, 11 de mayo).

En el mismo escenario en el que una semana antes la orquesta del Festival de Budapest había demostrado cómo se puede aunar precisión y carisma, el miércoles un pianista extraordinario, el francés Roger Muraro, dio una lección de cómo reunir perfección técnica y expresividad, en la apertura del ciclo 2011 de Festivales Musicales de Buenos Aires.

Actuando en el marco de las actividades del Tandem (la iniciativa oficial conjunta de las ciudades de Buenos Aires y París), Muraro desplegó su maestría en la interpretación de música francesa, comenzando por el primer libro de «Images» (1905) de Claude Debussy.

Pero antes de acometer el teclado, el longilíneo pianista lo acarició, como en un ejercicio de eutonía, pareciendo buscar entre las teclas mudas la milagrosa sonoridad que iba a extraer de ellas pocos segundos después. Y así, las manos de Muraro comenzaron a esparcir una infinidad de colores, sin pasar casi nunca del «mezzo-forte», como corresponde a esta serie de tres piezas.

Inmediatamente después llegó el momento esperado por muchos, dado que Muraro es uno de los mayores especialistas en la obra de Olivier Messiaen (publicó la integral en el 2001), y que abrevó en ella de la mano de la esposa del compositor, la pianista Yvonne Loriod, con quien estudió en París. La obra elegida fue «Le baiser de lenfant Jésus», la decimoquinta (y una de las más bellas) de las «Veinte miradas sobre el niño Jesús» que Messiaen compuso en 1944 y que constituyen un monumento de la música pianística.

Aquí el despliegue dinámico fue total, y la expresividad de Muraro, su técnica impecable y su pasión por este compositor se aunaron dando como resultado una interpretación inolvidable. La segunda parte trajo la transcripción que Franz Liszt realizó de la «Sinfonía Fantástica» de Héctor Berlioz, obra casualmente escuchada también en el Colón pocos días atrás en su versión original.

Tal como el mismo Muraro lo expresó en una entrevista, la interpretación de esta partitura implica el doble trabajo de conocer en profundidad los colores orquestales que se quiere reproducir, y a la vez no perder de vista que se trata de una obra para piano escrita por el mayor virtuoso de ese instrumento. Es evidente que Muraro lo logra con creces, tanto cuando crea efectos tímbricos (por ejemplo el eco del oboe al comienzo del tercer movimiento) como en los pasajes en los que tanto él como el oyente olvidan la orquesta y se dejan arrastrar por el arrollador pianismo de Liszt. No hubo bises que siguieran a la prolongada ovación que se le dedicó, pero lo que Muraro había entregado esa noche era tanto que fue el público quien quedó en deuda.

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