21 de septiembre 2016 - 00:45

Mia Couto: “Yo robo lo más sagrado: las identidades”

Convencido de que el realismo mágico “más que latinoamericano o africano es universal”, Couto confiesa que su libro “Un río llamado tiempo, una casa llamada tierra” está marcado por la lectura del Rulfo de ‘Pedro Páramo’, y por la transcripción del lenguaje oral que hace Guimarães Rosa”.

Couto. “La escritura tiene una relación con el sueño que debe ser interrogada. El sueño es algo oscuro, subterráneo, que no dominamos”. Foto: Mariano Fuchila.
Couto. “La escritura tiene una relación con el sueño que debe ser interrogada. El sueño es algo oscuro, subterráneo, que no dominamos”. Foto: Mariano Fuchila.
Buscando vincular "el sur (de África) con el sur (de América)", el Premio Nobel J.M. Coetzee, con el apoyo de la Universidad Nacional de General San Martín, volvió a Buenos Aires acompañado por el mozambiqueño Mia Couto y la sudafricana Antjie Krog. Mia Couto (Antonio Leite Couto) es autor de una obra extensa y diversificada en crónica, cuentos y poesía, laureada internacionalmente. Vino a presentar su novela "Un río llamado tiempo, una casa llamada tierra", que publicó UNSAM. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Cómo es ser escritor, biólogo, periodista, hombre de teatro, blanco en un país africano de habla portuguesa?

Mia Couto:
No siendo nada de eso. Viviendo en la frontera. Abriendo en la vida muchas puertas, todas las que se pueda. Siendo un contrabandista de identidades. Yo robo lo más sagrado: las identidades. Así finalmente no tengo la mía. Soy biólogo para ganarme un sueldo. Me siento presionado a sentirme escritor a medida que publico libros, pero me resisto a esa tentación porque sería convertir la escritura en un oficio. Ser biólogo me da distancia, libertad, me hace feliz. Pero una felicidad aún mayor es desdoblarme en un conjunto de vidas, poder entrar en relatos como sueños, volverme parte de la historia que se cuenta.

P.: "Un río llamado tiempo, una casa llamada tierra", y se dice que en el resto de su obra, tiene una marcada influencia del realismo mágico.

M.C.:
El realismo mágico más que una corriente literaria es otra racionalidad. Más que latinoamericano o africano es universal. Es el modo en que diversas culturas aceptan, permiten la presencia de esa oralidad que da cuenta de otra forma de mirar la realidad, de otros modos de ver el mundo. Eso está vivo también en Europa, en Estados Unidos, por todas partes donde lo que denominamos mágico es otra sabiduría. Es verdad que desde el punto de vista literario es una corriente que nace en América Latina, y con varios padres, o madres, pero yo diría que Rulfo fue quien impulsó esa forma de contar. Confieso que mí novela "Un río llamado tiempo, una casa llamada tierra" está marcada por la lectura del Rulfo de "Pedro Páramo", y por la transcripción del leguaje oral que hace Guimarães Rosa. Según Coetzee es una fábula de un momento de transición. Un momento en el que el artista tiene que explorar y "dar voz a la historia más profunda de su época, para que los muertos descansen en paz y pueda nacer el futuro".

P.: ¿En que se manifiesta esa transición?

M.C.:
La ciudades están aún dominadas por la lógica rural. La idea de cómo se ocupa el espacio es totalmente rural. La gente no circula por las veredas, va por la calle. Es la idea rural de que la casa no comienza en la puerta, la vereda es parte de la casa y para andar por ella hay que pedir permiso al dueño. No existe la idea del espacio público. Es cierto que tras años de violencia, de guerra civil, ha ido apareciendo una generación urbana con una cultura urbana, de eso doy cuenta con el protagonista de "Un río llamado tiempo".

P.: ¿Qué lo impulsa a ponerse a escribir?

M.C.:
No sabría vivir si no fuera así. La escritura tiene una relación con el sueño que debe ser interrogada. El sueño es algo oscuro, subterráneo, que no dominamos. El sueño es una manera de entender nuestra inclusión en el mundo. En Mozambique hay lenguas en las que se dice soñar y volar con la misma palabra. Hay algo que los sueños nos dicen, y la literatura es un poco eso, aventurarse en ese mundo es fascinante. Hay una anécdota que suelo contar de cuando los políticos, gente muy de ciudad, comenzaron a hacer campaña en el campo, a explicar que si ellos hubieran estado antes nos hubieran salvado del desastre. Un tipo se levanta, mueve la cabeza, y le dice: ¿conoce la historia del pez y el mono? Un mono va a un río y ve un pez moviéndose y dice: "Ese bicho se está ahogando", lo agarra, lo levanta y el pez se agita. "Está contento", se dice el mono. Pero, el pez se muere y él mono dice: "Qué lástima, si hubiera venido antes...". La gente piensa y argumenta usando historias, usando ficciones. De ese aporte de la oralidad de mi gente surge mi escritura. Yo no soy un literato, alguien que toma la literatura como una profesión. Soy un creador de historias. Me gusta descubrir la lógica que está detrás de la relación entre realidad y ficción. El día que me deje de sorprender con lo que estoy contando, con ese encantamiento que quiero dar, ese día paro, no escribo más.

P.: ¿Eso a pesar de haber recibido ya el Premio Camões, el más importante de lengua portuguesa, que lo impulsa a seguir?

M.C.
: Mi mayor premio es el gusto de crear, de hacer.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

M.C.
: Estoy prisionero de la trilogía de novelas históricas "Las arenas del emperador". Salió el primer tomo "Mujeres de ceniza". Cuento del segundo mayor imperio de África conducido en el siglo XIX por un africano, el emperador Ngungunyane, en el sur de Mozambique. Al ver amenazado el dominio colonial por un ultimátum de Inglaterra, irrumpió el ejército portugués en Estado de Gaza que dirigía Ngungunyane, que fue derrotado y deportado a las islas Azores, donde murió en 1906. En 1985 sus restos fueron llevados a Mozambique, se dice que en el ataúd no venían sus huesos sino puñados de arena. Estoy trabajando en una recreación ficcional de esa historia. En el primer tomo, quien cuenta lo que sucedió es una mujer, Imani, una chica de quince años que será la intérprete del militar portugués Germano de Melo, y cuya relación se vuelve intensa a pesar de pertenecer a mundos distintos. Imani pertenece a la única tribu que se opuso a los planes del emperador, y tiene un hermano que lucha junto a Portugal y el otro junto a Ngungunyane.

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