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Miceli, exministra, condenada a 4 años de prisión; apelará
Felisa Miceli ingresa ayer a los tribunales de Comodoro Py para escuchar la sentencia a 4 años de prisión por la causa de la bolsa de dinero.
La exministra se presentó puntual a la última audiencia del juicio que la tuvo por protagonista. La acompañó un grupo pequeño de amigos. Al igual que en la audiencia anterior, cuando sus abogados pronunciaron el alegato final, se mostró confiada. Sonriente, explicó a sus acompañantes que pensaba decir una palabras finales y los despidió antes de ocupar su asiento. «Serán sólo diez minutos», les dijo cuando ingresó al Salón de Usos Múltiples de los tribunales de Retiro en compañía de sus abogados.
Miceli pronunció sus últimas palabras erguida y en tono monocorde, sin leer ni gesticular con sus manos sobre el escritorio. «Estoy convencida que se fue demostrando que todo lo que yo decía era verdad», expresó. Al mismo tiempo resaltó que vive en el mismo domicilio desde 1999 y que «siempre viví de mi remuneración». Su ánimo no cambio ni siquiera cuando recordó que ayer se cumplieron tres meses de la muerte de su hermano quien, sostuvo, le habría prestado parte de los 100 mil pesos y 31.670 dólares hallados en su despacho.
Los jueces Jorge Tassara, Luciano Gorini y Rodrigo Giménez Uriburu escucharon las últimas palabras en silencio. No intercambiaron comentarios ni tomaron nota. Luego llamaron a un cuarto intermedio y se retiraron a un despacho para ultimar los detalles de un final que ya estaba escrito.
Para los integrantes del tribunal hubo dos elementos determinantes: en primer lugar el testimonio de los policías que declararon y que describieron el envoltorio del dinero (un envase termosellado con registro del Banco Central), cuando Miceli aseguraba que era un paquete casero. En segunda instancia, las distintas versiones que la exfuncionaria dio al comienzo del caso sobre el origen del dinero, cuando atribuyó el préstamo a distintos familiares y personas cercanas. Esto último nunca quedó claro para los jueces.
La instrucción, a cargo del fiscal Guillermo Marijuan, fue determinante al momento de la sentencia ya que a lo largo del debate oral no hubo elementos contundentes ni testimonios reveladores ni nuevos elementos de prueba. Sólo una incógnita: qué hubiera dicho si hubiese declarado el titular de la Cooperativa de Crédito Cuenca, Miguel Rutenberg, entidad que sería el destino final de los 100.000 pesos. Su testimonio fue desistido porque podía resultar «autoincriminatorio». En sus palabras finales Miceli hizo una alusión a él: «No tengo nada que ver con los dueños de esa entidad, en mi vida los vi».
Pasadas las 13 los jueces reaparecieron en una audiencia con más presencia policial de lo habitual. Los abogados de Miceli conversaban relajados en primera fila e intercambiaban anécdotas. Repetían, como un mantra, las palabras que la exministra dijo el viernes pasado cuando la consultaron sobre su pronóstico: «No tienen nada».
Miceli escuchó la sentencia en silencio, sin exaltaciones aunque con visible frustración. El público -como siempre en este juicio- numeroso y heterogéneo en cuanto a edades, expresó fastidio y al mismo tiempo sorpresa. En general apostaban por una absolución. Marijuan, en tanto, se retiró en forma discreta, satisfecho: el tribunal decidió la sentencia que él había propuesto junto al fiscal Fernando Arrigo.
La exfuncionaria abandonó los tribunales con expresión molesta, ya sin las expresiones de triunfo o confianza que había demostrado por la mañana. Un viaje sin escalas a la resignación. Consultada por el periodismo, sostuvo que no teme ir presa aunque reconoció que cometió «un error». Apelará la sentencia ante la Cámara de Casación Penal. El destino del planteo será la Sala II. Si finalmente es encarcelada recién podría salir en libertad a los dos años y medio.


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