19 de octubre 2015 - 00:00

Mientras la Fed da el paso al costado, los mercados dan otro paso al frente

¿Confusión en el seno de la Fed? ¿Un motín, como titula el Financial Times? A río revuelto, ganancia de pescadores. En Wall Street el pique fue provechoso: la Bolsa hilvanó la tercera semana consecutiva de alzas. Los osos debieron retirarse. Hibernan a regañadientes con los ojos bien abiertos. Los ruidos que los despertaron no se han acallado, pero las acciones zafaron de sus garras. La nave insignia -el S&P 500- está hoy más cerca de los máximos del mercado bull (alcista) que de los pisos crujientes del 24 de agosto cuando la zozobra se adueñó de cubierta. Los papeles privados treparon, desde entonces el 5,9%. Con estirarse un 4,6% más trazarían la proeza de un nuevo récord. ¿Cuán creíble es la recuperación? La tasa larga (10 años) cerró el viernes en el mismo nivel que el fatídico 24 de agosto. Los bonos, por lo visto, no compran la idea.

¿Se desató un motín en la Fed? ¿Está Janet Yellen bajo fuego amigo (como lo estuvo Mario Draghi en el BCE cuando se jugó a fondo por la expansión cuantitativa)? Dos gobernadores -de los siete (contando a la propia Yellen) que conforman la junta que conduce al banco central (que Yellen preside)- expresaron reparos a la prisa por subir las tasas de interés y ello encendió la sospecha. Lael Brainard y David Tarullo tuvieron apuro, la semana que pasó, por asentar su visión crítica. Una detrás de la otra, como si fueran un convoy, lo que no hizo sino remarcar la disonancia. Dijo Brainard que las chances de que la situación se torne peor de lo esperado son más altas de que ocurra a la inversa; y que aún si se espera demasiado para subir las tasas de interés y resulta menester elevarlas de golpe, ello se puede ejecutar con menor costo que el daño que provocaría un aumento prematuro de las mismas. Hay que recordar que la Fed conduce la política monetaria bajo una óptica de administración de riesgos. Se sabe que en el contexto desinflacionario actual lo trabajoso no es endurecer las condiciones monetarias (extremadamente relajadas) sino tener que proveer estímulo adicional de una manera eficaz. Brainard sugiere (Tarullo también) que la premura con que se impulsa el calendario tentativo de la normalización -que pretende comenzar la suba de tasas antes de que termine 2015- representa un enfoque equivocado. Si EE.UU. se enfrió porque la Fed simplemente comunicó sus intenciones de ajustar las tasas (sin llegar a tocarlas siquiera), más agua para su molino. Y afirmarlo expost, en público (y a coro), alimenta las suspicacias de un pase de facturas y una futura rebeldía.

La disidencia de los presidentes regionales de los 12 distritos en los que se divide la Fed no es inusual; pero la tradición es que los gobernadores (que tienen asiento fijo en el comité que fija la política monetaria y, por ende, voz y voto permanentes) rarísima vez toman partido que no sea el del titular de la institución. Y Yellen aboga por empezar la suba de tasas temprano, a modo de prevención y antes de alcanzar los objetivos que la Fed, por defecto, todavía no logra cumplir. ¿Es esto un conato de motín? No lo es, respondió el viernes Bill Dudley, presidente de la Fed de Nueva York y, como tal, el brazo ejecutor de la política. Tampoco reconoce conflictos de partitura. "Todos estamos, más o menos, en la misma página". ¿Cómo se explica, entonces, la confusión que emana de la propia comunicación oficial? "Es la economía la que no está clara". De alli deriva, exclusivamente según Dudley, la divergencia de opiniones.

¿Lobo está? Con una economía inasible y la discrepancia Brainard/Tarullo sobre el tapete, la Fed saldrá de escena hasta que recupere la claridad. ¿Juguemos en el bosque, pues, mientras el lobo no está? Wall Street no aporta argumentos para aspirar a mucho más sin colocarse al filo de la cornisa (y hoy exhibe más alivio que audacia). No sorprende, pues, que los mercados emergentes conciten de nuevo la atención. Allí hay recorrido alcista de sobra sin agotar, ni por asomo, el carretel. Bastaría con desandar una fracción del "overshooting" que los castigó con terrible aspereza. Un Wall Street lateral les permitirá ensayar la vertical. Sólo habrá que cruzar los dedos para que China no arruine el bocadillo.

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