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Ministro insaciable pide más desembolsos
Autoridades del Gobierno norteamericano, como sucedió con el secretario del Tesoro, Tim Geithner, dieron señales favorables sobre una pronta capitalización del FMI y la consiguiente distribución de DEG para cada uno de los países miembro. La fecha límite para ese objetivo que se habría establecido entre los países más poderosos (que son los que tienen la responsabilidad de inyectar capital fresco al organismo) es fines de setiembre, que es cuando se realizará la reunión anual de la ONU en Nueva York. En esa misma fecha se llevará adelante la segunda reunión de presidentes del G-20.
Uno de los avances más importantes para esa fecha sería -justamente- darle al Fondo mayor protagonismo y nuevos recursos, tal como se comprometió en el encuentro de primeros mandatarios del 2 de abril en Londres.
La capitalización prevista para el FMI que involucra la distribución de DEG llega a los u$s 250.000 millones. El gran problema es que la mayor parte de este monto, unos u$s 170.000 millones queda para los países más ricos. Esto se debe a que son los que mayor poder de voto tienen dentro del organismo. Paradójicamente, el monto más grande iría para los Estados Unidos, que tiene el 16,77% de los votos en el FMI, seguido por Japón, con el 6,02%. En cambio, para países como Corea del Sur o Brasil corresponderá menos del 1,5% y la Argentina recibiría cerca del 1% de los DEG a distribuir (que es equivalente a los votos que actualmente posee en el organismo).
Por supuesto, ninguno de estos pasos puede reclamarse de manera individual. La aceleración o no del otorgamiento de los DEG será equivalente para todos los países, por más que la Argentina pueda tener más apuro que otros por mejorar su posición de reservas. Lo mismo sucedería en el caso de que se defina un esquema distinto de reparto de estos recursos para beneficiar a las naciones emergentes. En concreto, el espíritu de la reformulación del FMI es darles apoyo a los países en desarrollo, que están sufriendo la crisis global sin haberla provocado.
Pese a este reclamo, el Gobierno no tiene demasiado para discutir. Se estima que una vez definida la nueva participación de cada nación en el organismo, la Argentina quedaría con prácticamente la mitad que su posición actual, es decir que pasaría del 1% a sólo el 0,5%. Brasil sería uno de los favorecidos, ya que pasaría del 1,38% al 1,72%, para reflejar su mayor peso en el sistema financiero internacional.


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