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Minuciosa réplica del “Chicago” de Broadway
La versión de «Chicago» que se exhibe en el Lola Membrives tiene cantantes sólidos, pero en baile y actuación se extrañan performances como la de Sandra Guida o la magnífica Mamá Morton que compuso María Rosa Fugazzot.
Las coreografías del actor, bailarín y director de cine estadounidense Bob Fosse -tan sensuales y ondulantes como las que exhibió en sus célebres films «Cabaret» y «All that jazz»- son el sello distintivo de «Chicago».
Este musical ambientado en la década del 20 (época de la «Ley seca» y del imperio del hampa) recrea con humor y buenas dosis de cinismo la historia de dos asesinas ligadas al vodevil y convertidas (fugazmente) en grandes figuras mediáticas gracias a los astutos manejos de un abogado.
La versión original de «Chicago» se estrenó en 1975 sin mayor trascendencia y de inmediato fue eclipsada por «Chorus line» que reventó la taquilla y acaparó todos los premios. Hasta que en 1996, Ann Reinking, habitual colaboradora de Fosse (éste murió en 1987 de un ataque cardíaco) reestructuró el espectáculo adaptándolo a un formato de cámara que realzó su estructura vodevilesca y le aportó más dinamismo.
La orquesta ocupa la mayor parte del escenario, dentro de una especie de caja que deja poco espacio para el resto del elenco. Aún así cada número tiene los trucos suficientes como para seducir al espectador. En parte por el clima de elegante perversidad que se va instalando en esa cárcel de mujeres donde Velma Kelly y Roxy Hart preparan su alegato para seducir al tribunal, mientras compiten entre sí por la primera plana de los diarios.
Las letras de las canciones pintan de cuerpo entero a cada personaje y brindan, además, una elocuente síntesis de lo que va aconteciendo. La desvergüenza de las dos antiheroínas, la frialdad calculadora del abogado Billy Flynn -al que Martín Ruiz le aporta un irresistible glamour- dan pie a una incisiva sátira en torno a la corrupción del sistema judicial y a la peligrosa banalización, por parte de la prensa masiva, de ciertos actos criminales o de conductas non sanctas.
Natalia Cociuffo compone a una Roxy Hart muy simpática pese a su amoralidad y que es capaz de disfrutar como una niña al verse rodeada por el ensamble masculino. También se destaca en «Los dos fueron por el arma» en donde actúa como una marioneta en manos de Flynn.
Melania Lenoir (reciente protagonista de «Avenida Q») se perfila como una atrayente y prometedora figura dentro del género, pero en este caso el rol de Velma exige una bailarina mucho más experimentada. Sobre todo en el número «Sola no lo puedo hacer». Basta con recordar la magnífica performance, casi acrobática, de Sandra Guida, en la anterior puesta de 2001 coprotagonizada por Alejandra Radano.
De aquella versión también se extraña la gracia y la expresividad de actores de fuste como María Rosa Fugazzot en el rol de la carcelera Mama Morton, o Salo Pasik interpretando a Amos, el inocentón marido de Roxy. Por lo demás la obra cuenta con buenos cantantes y replica con gran minuciosidad la puesta de Broadway. Los fans del género seguramente descubrirán que el espíritu de Fosse está tan presente aquí como en el resto de su obra, en su necesidad de transgredir toda regla y en su defensa del amor libre que también incluye -como no podía ser de otra manera- una desvergonzada arenga a favor de la infidelidad.


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