13 de agosto 2010 - 00:42

Misión de Mac Laughlin: cerrar con Club de París

• El ex secretario de finanzas, designado ahora ante el FMI, debe encarar difícil negociación

Alfredo Mac Laughlin
Alfredo Mac Laughlin
Después de asesorar a Néstor Kirchner para retirar del mercado local los fondos de Santa Cruz a fines de los 90 y de realizar la ingeniería financiera para liquidar la deuda con el Fondo Monetario, Alfredo Mac Laughlin tendrá una nueva misión encomendada por el ex presidente: sondear un acuerdo final con el Club de París. El ex secretario de Finanzas fue elegido personalmente por Kirchner la semana pasada como el sucesor de Pablo Pereira en representación de la Argentina ante el organismo que dirige Dominique Strauss-Kahn, cargo que asumirá formalmente a fines de setiembre en la próxima Asamblea Anual Conjunta del FMI y el Banco Mundial en Washington. Desde allí reportará directamente a los Kirchner, quienes quieren mantener bajo control la relación con el Fondo hasta el final del actual mandato presidencial.

Mac Laughlin ya se reunió al menos cuatro veces en Olivos con el matrimonio para recibir las instrucciones necesarias para el cumplimiento eficaz de la misión.

El nuevo embajador ante el FMI deberá sondear con las líneas técnicas del organismo la posibilidad de discutir un plan de pagos para liquidar la última deuda en default que queda de los tiempos de Adolfo Rodríguez Saá. Se trata de los algo más de u$s 6.700 millones que se les deben a los Estados miembros del Club de París. Para esto, muchos de los países acreedores (especialmente, Japón, Italia, Gran Bretaña y Alemania, además de la Unión Europea como región) exigen la intervención del FMI y la aplicación del «artículo 4» de la Carta Orgánica del organismo. Esto implica que el Fondo realice una inspección profunda de las cuentas públicas y la situación económica del país para que luego recomiende (o rechace) la oferta de pago de la Argentina.

Para el matrimonio Kirchner, tener a técnicos del FMI circulando por Buenos Aires, fiscalizando cuentas públicas (incluyendo el INDEC) y reuniéndose con dirigentes opositores, a menos de un año de las próximas elecciones presidenciales, es como describirles la presencia del averno. La misión imposible de Mac Laughlin será, entonces, evitar esta alternativa o, al menos, reducirla a su mínima expresión posible.

Alivio

El nombramiento no necesariamente implica un contratiempo para Amado Boudou. El ministro de Economía sabe que el capítulo Club de París es el que más lo puede distanciar del pensamiento de Néstor Kirchner, y la presencia de un embajador particular del ex presidente en el conflicto, en parte, alivia al funcionario. Más si se tiene en cuenta su posible futuro político cerca de Néstor hacia 2011.

Los Kirchner y Mac Lau-ghlin tienen una relación sólida desde fines de los 90, cuando desde su puesto en el Deutsche Morgan Grenfell recomendó el giro de los casi u$s 600 millones de Santa Cruz (fruto de la privatización de YPF) al exterior, para prevenirse del seguro default por venir.

Luego, y como sostén de Felisa Miceli, Mac Lauhglin realizó la operatoria que derivó en la liquidación en un solo pago de la deuda que la Argentina mantenía con el FMI, cumpliendo también una orden explícita del ex presidente. Terminada la misión, comenzó a sondear un segundo paso para la salida del default con otros organismos, negociando el pago de la deuda con el Club de París. Chocó allí con la sólida negativa oficial, en debate que incluyó momentos de alto de enfrentamiento verbal entre ambos. Mac Laughlin recomendaba en esos momentos la aceptación del famoso artículo 4, algo que para Kirchner era inaceptable.

El nuevo enviado al FMI no es el único funcionario que en las últimas horas avanzó sobre la relación entre la Argentina y ese organismo. El canciller Héctor Timerman incluyó el capítulo en el temario desarrollado con Hillary Clinton en la reunión del miércoles en la Casa Blanca. El ministro de Relaciones Exteriores criticó al FMI ante la secretaria de Estado norteamericana, declaró que no es posible que el organismo intente manejar las políticas económicas internas de los países y pidió finalmente apoyo para futuras negociaciones, sin avanzar a qué temas puntuales se refería.

Timerman cumplió así instrucciones de Cristina de Kirchner, de abrir este temario ante el Gobierno de los Estados Unidos. Sabe el canciller que ahora sólo restará un llamado telefónico a la funcionaria de Barack Obama para pedir formalmente el apoyo del Gobierno de EE.UU. ante el FMI, de modo de poder negociar con el Club de París, en lo posible, sin la intervención de ese organismo.

En su momento, posiblemente antes de fin de año, el pedido público lo hará Boudou. Pero antes se espera la gestión silenciosa de Mac Laughlin y su nueva, y quizá última, misión para los K.

Dejá tu comentario