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Misión para Macri: romper con historia de vejaciones al peso
A la moneda argentina ya se le sacaron 13 ceros. hubo hiperinflaciones, devaluaciones, y hasta intervención al Indec por el solo hecho de medir la inflación. y aun así, la inflación es lo común al argentino. el rojo fiscal, madre de todos los problemas
La primera moneda nacional se lanzó bajo la Ley 1.1130 de 1881 y tuvo vigencia hasta 1969. Del austral al peso: en 1991 se lo engendraba quitándole cuatro ceros al billete creado en 1985.
El año 2016 tendrá de por sí una elevada inflación. El atraso cambiario, las tarifas subsidiadas y el alto déficit fiscal hacen imposible una drástica caída del alza de los precios. La intención oficial es avanzar de manera gradual en todos los campos para ser políticamente correcto en el inicio de la gestión. No al Rodrigazo. Y también la intención de que esta política de gradualismo no complique lo que ya está observando como meta Mauricio Macri: las elecciones legislativas de 2017, a mitad de su mandato. Alfonso Prat Gay y Federico Sturzeneger estiman que para el segundo semestre del año próximo la economía argentina ya estará creciendo nuevamente. Pero seis meses son una eternidad en la Argentina. En el arranque se están pegando los pedazos rotos del termómetro, con la llegada de Jorge Todesca al INDEC.
La clave de la gestión Macri pasará por los números que muestre mes a mes con la caja. Arranca con un rojo equivalente al 7% del PBI y si logra llevarlo al 5% será para festejo. El déficit fiscal es la madre de la inflación. La pasión argentina por el gasto público pareciera eterna. Cuando no se puede financiar con deuda, se empieza a hacerlo con la ayuda de la Casa de la Moneda imprimiendo billetes. Como si ello fuera gratis. O bien, cuando la deuda empieza a ser una carga, se deja de pagarla. Como si también ello fuera gratis.
La primera moneda nacional se lanzó bajo la ley 1.1130 de 1881 y tuvo vigencia hasta 1969. A través de la misma, se unificó el sistema monetario vigente, anárquico por cierto, dado que ciculaban pesos moneda corriente, pesos fuerte, y como si fuera algo premonitorio, varias monedas extranjeras. En 1987 se sanciona la ley de Bancos Nacionales Garantidos que estipulaba que cualquier banco estaba autorizado para emitir billetes pero como condición debían efectuar en el Tesoro un depósito de oro como respaldo. Domingo Cavallo tuvo un antecesor en 1890: el entonces presidente Carlos Pellegrini creó ese año la Caja de Conversión, emitiendo todo el papel moneda nacional. Al momento de lanzar la Convertibilidad, el billete de un peso, por orden de Cavallo, se le asigna la imagen de Pellegrini. Luego, con el correr de los años, se saca de circulación ese billete para dar paso a las monedas de un peso, algo que Cavallo siempre criticó por su admiración hacia Pellegrini. Los años que siguieron fueron prósperos y sin atisbos de los desbordes monetarios que vendrían en la segunda mitad del siglo XX. Podría decirse que la Efigie del Progreso que acompañaron como imagen a los billetes argentinos hasta 1942 fueron una suerte de garantía de estabilidad. Desde su eliminación comenzó la decadencia. La efigie, una mujer sentada, con una antorcha encendida y que apoya su brazo sobre el Escudo Nacional, reapareció 50 años después en el reverso de los billetes del austral. Pero claro, había perdido todo su vigor.
En 1970 debuta el peso Ley 18.188, que tuvo una vida breve, mucho más breve que su antecesor, apenas trece años. En la jerga se lo llamaba el peso ley, que equivalía a 100 pesos moneda nacional. Fue el puntapié inicial del quite de ceros a la moneda, comenzando entonces por dos. Para acostumbrar al público al cambio, se continuaron los billetes anteriores pero resellados con los nuevos valores. El Rodrigazo en 1975 y la alta inflación le dieron una estocada que dejaron moribundo al peso ley. Antes de pasar a retiro obligado, el peso ley se llevó un triste premio: en 1982 se llegó a emitir un billete de un millón, el de más alta denominación en la historia nacional. No se llegó a las cantidades de ceros de Zimbabwe pero igual faltaban otros logros de la política monetaria local. En este período, el dólar ya reinaba como preferencia de los argentinos. Pasaba a la historia la frase de Lorenzo Sigaut en 1981, quien afirmó entonces: El que apueste al dólar, pierde. Fue una de las tantas victorias que se anotó la moneda norteamericana. El peso argentino nacido en 1983 fue más efímero. Se le borraron cuatro ceros al peso ley y se lanzaron los billetes nuevos sin necesidad de recurrir al resellado. Todo fue vértido de ahí en adelante. En junio de 1985 surge el Austral. La inflación ya hacía de las suyas nuevamente. Se le quitaron tres ceros al peso argentino. El dólar ya era pasión de multitudes. En el 89 la depreciación fue del 5.000% y eso azotó la primera hiperinflación. Hubo billetes de 500.000 australes. En 1991 se engendraba el peso quitándole cuatro ceros al austral. Nacía la Convertibilidad. Ni siquiera la promesa de no emitir pudo con la pasión argentina de gastar por encima de lo que se recaudaba. El terremoto llegó por el lado de la deuda en default en 2001.
Se abre una nueva era en 2016. El interrogante es el de siempre: ¿se aprenderá alguna vez de las lecciones de la historia? Dejaremos los experimentos monetarios?


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