28 de noviembre 2008 - 00:00

Mónica Cabrera: "No sé de qué se ríe la gente"

La actriz, dramaturga y directora recibióayer el Premio Teatro del Mundo.
La actriz, dramaturga y directora recibió ayer el Premio Teatro del Mundo.
Mónica Cabrera tiene la habilidad de hacer reír con las situaciones más tremendas y aunque sus personajes son un compendio de males argentinos, este año también arrancaron carcajadas entre el público mexicano. Luego de protagonizar varios unipersonales (cinco de los cuales serán editados por Colihue el año que viene), la actriz, autora y directora, que ayer recibió el Premio Teatro del Mundo, que otorgan investigadores teatrales de la UBA, está ofreciendo ahora en el Centro Cultural Caras y Caretas (Venezuela 330/370) su nuevo espectáculo «The victory to la madrecita» donde comparte escenario con Teresa Murias. Es la historia de una milagrera «con síndrome de lobizón», serios traumas de infancia (y altas dosis de medicación psiquiátrica) que va por los pueblos, junto a su hermana, sanando y haciendo predicciones. «Si cuento la obra parece una tragedia espantosa: dos hermanas muy pobres que van por los pueblos curando y una es asesinada por un grupo de extrema derecha, ¿me decís cuál es el chiste? No sé de qué me voy a reír, si ya me amargué», ironiza Cabrera.

Periodista: A Luis Buñuel le hubiera encantado la irreverencia de esta manosanta ¿Por qué termina asesinada?

Mónica Cabrera: Porque las figuras religiosas que mueven multitudes son consideradas peligrosas, desde Juana de Arco hasta Martin Luther King. También me interesó tomar hechos muy complejos de la historia reciente, cuestiones que de cincuenta años a esta parte nos vienen martirizando: la violencia, las desapariciones, la falta de justicia. Cuando «la madrecita» nombra al ministro Mor Roig, al general Lanusse, el público queda paralizado, como haciendo memoria. Más de uno debe ir después a Internet para ver qué pasó con esa gente.

P.: ¿Por amnesia o por ignorancia?

M.C.: Cuando se habla de los años 70 y de lo que sucedió poco antes de esa década, la gente se confunde, mezcla los gobiernos militares, le cuesta ubicar los hechos en su correcta cronología.

P.: Se diría que fue una de las décadas más largas de la historia.

M.C.: Sí, fue una década como de treinta años. Volviendo a la obra estas mujeres son dos desposeídas que no tienen adónde ir. Encima, no son hijas, ni madres, ni abuelas, no estuvieron entre los desaparecidos, ni entre los que se tuvieron que ir, no están en ninguna organización, no son del ERP, ni de un sindicato, no tienen nada ni a nadie. Yo en general veo las cosas muy negras, pero tengo un público fiel que me pide que siga haciendo humor.

P.: Cuéntenos qué anduvo haciendo en México.

M.C.: Fui invitada al Festival de Cabaret Político que se realiza en el Distrito Federal. Este año participaron elencos de España, Alemania, Estados Unidos y del interior de México.

P.: En Internet, justamente, se comprueba que a la crítica mexicana le gustó su espectáculo «El sistema de la víctima»

M.C.: Sí. Para ellos fue como si Marcel Marceau hablara.

P.: ¿Y para usted?

M.C.: Para mí fue un viaje extraordinario porque como no tenemos una historia en común con los mexicanos, pude comprobar aquello de «pinta tu aldea y pintarás el mundo». Yo, además, soy muy anecdótica. La gente viene y me dice: «tu personaje es mi tía, mi maestra, mi jefa» y, por otra parte, estoy muy sumergida en el asunto de la argentinidad. También me preocupa la trascendencia, la existencia de Dios, pero todo muy fundamentado en lo cotidiano. Digamos que practico un existencialismo costumbrista.

P.: ¿Es cierto que el público la ovacionó frenéticamente?

M.C.: Sí, parecía un espectáculo de rock. Se paraban, gritaban todo el tiempo. Yo fui un poco a lo Heidi, pero cuando estaba por salir a escena, entré en pánico. «Esta gente no va a entender nada, me dije, ¿de qué se va a reír?». Para colmo uno de mis personajes es de origen chicano. Ahí pensé: «Yo ahora me hago la mexicana y esta gente me va a escupir». Pero no, fueron carcajadas a los gritos pelados y luego vino la ovación. Nunca terminé de entender lo que sucedió esa noche.

Quizás al ser tanta gente se produjo una especie de contagio colectivo, pero sentí un alivio muy grande al verificar que mis textos tienen cierta universalidad y que no son unos chistes para hacer en familia.

P.: El espectador argentino es mucho más sobrio.

M.C.: No crea, acá también hay lugares donde la gente es muy escandalosa, por ejemplo, el público de Neuquén. Y en Buenos Aires, de tanto en tanto han venido a verme grupos muy entusiastas. No sé, pongamos que de 40 funciones cuatro son memorables. Pero le aclaro, yo no tengo nada que ver con la euforia de esta gente, como no tengo nada que ver cuando el público se ríe poco o está como pintado. Soy muy rigurosa, no es que improvise en todas las funciones. La risa del público siempre va a ser un misterio para mí, porque no responde a ninguna receta.

Entrevista de Patricia Espinosa

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