22 de julio 2013 - 00:00

Moral y mercados II

Moral y mercados II
El pensamiento económico moderno nació en el siglo XV con los escolásticos de la escuela de Salamanca, aunque la tradición sajona ha preferido declarar a Adam Smith (siglo XVIII), el creador de la metáfora de una "mano invisible" que gobernaría los mercados (en realidad estaba hablando de otra cosa y nunca usó la palabra mercado), como el padre de la economía. Lo interesante es que tanto los pensadores de Salamanca -religiosos católicos- como Smith -un filósofo moral protestante- estaban más preocupados en los aspectos "normativos" (la moralidad) que en los positivos (la cientificidad) de sus ideas. Es decir que la economía nació como una ciencia enraizada en la moral. Sin embargo, con el paso del tiempo y en especial con la influencia de las doctrinas marxistas, se fue haciendo cada vez más "científica" y no es raro encontrar hoy economistas que afirman que su disciplina está "libre del tema de los valores" (existe también una corriente en contrario: Heyne 2008). Vale aclarar entonces que al hablar de la moral y su importancia en y desde el mercado financiero/bursátil no lo hacemos sólo considerando los aspectos éticos, sino también los "prácticos". La acepción de moral que tomamos en estos comentarios no es la de la moral crítica (lo que es realmente correcto), sino la de la moral convencional, aquello que la gente en una comunidad cree que es correcto (Bix 2004). Así se entiende por qué decimos que la moral y las normas sociales que de ella derivan (incluida la confianza) son los principales elementos en la estructuración informal de los mercados (Greif 2005). Seguimos mañana. Si bien el S&P500 marcó el viernes un nuevo récord, el Dow retrocedió el 0,03%, a 15.543,74 puntos, reflejando en cierta medida los pobres resultados contables de Google y Microsoft. Nada para asustarse.

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