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Moreno organiza otra misión de pymes (ésta, a San Pablo)
• El funcionario busca profundizar la división de los industriales: no los quiere en la UIA
Guillermo Moreno, José Ignacio de Mendiguren
La excursión paulista comenzará el 8 de mayo, y la idea del funcionario es transportar a un grupo de 600 empresarios a la megalópolis brasileña con la idea de expandir las ventas de firmas locales al socio del Mercosur, pero también profundizar la división entre empresarios «amigos» y no tanto.
La lista de los primeros se compone básicamente de pymes nucleadas en la CGE (Confederación General Económica); para Moreno, los «no tan amigos» están todos en la Unión Industrial Argentina (UIA). Su objetivo de máxima es dividir a la UIA y trasvasar a la CGE a todas las pymes asociadas a esa entidad. De ese modo, la UIA sería más fácilmente objeto de sus iras.
Igual que sucediera con el viaje a Angola, los empresarios que decidan viajar deberán hacerse cargo del costo, pero el mismo es a precio «de amigo»: la travesía y la estadía tienen un costo de u$s 300, all inclusive.
Se espera que muchos de los que viajaron a Angola repitan la experiencia, pese a que los resultados de ese viaje fueron magros siendo generosos en lo que hace a convenios comerciales bilaterales con la nación africana. Sin embargo, muchos de los que cruzaron el Atlántico sur hasta Luanda admiten que el principal propósito del viaje fue acercarse a Moreno; conocerlo, entablar un vínculo personal con el que es hoy uno de los hombres más poderosos de la Argentina.
Cabe recordar que mientras Moreno y sus nuevos amigos estaban en Luanda, el titular de la UIA, José Ignacio de Mendiguren, se corrió a Brasilia y a San Pablo para tratar de convencer a funcionarios del Gobierno de Dilma Rousseff y a sus pares empresarios brasileños de que la única salida al conflicto comercial bilateral es que Brasil le compre más a la Argentina. El argumento para esta prédica fue simple: Brasil adquiere productos por u$s 30.000 millones en países extrazona; las empresas argentinas podrían suplir al menos u$s 6.000 millones de esas importaciones. Esa cifra es la zanahoria que blande la gente de Moreno ante las pymes a las que quiere sumar a su misión.
Mendiguren tenía una fluida relación con Paulo Skaf, presidente de la FIESP (Federación de Industrias del Estado de San Pablo), hasta que éste trató de entablar negociaciones directas con el Gobierno argentino sin pasar por la UIA. Skaf será una de las figuras más significativas que se entrevistarán con Moreno en San Pablo; el hábil dirigente sabe que, para facilitar las exportaciones de sus afiliados hacia la Argentina, el hombre a convencer es Moreno. Su tarea, sin embargo, no será sencilla: pese a que la cifra de u$s 6.000 millones de importaciones brasileñas reemplazables por compras a la Argentina fue elaborada por profesionales de la UIA, ése será el argumento del funcionario para viajar a Brasil.
De hecho, muchas cámaras adheridas a la CGE han enviado cartas a sus afiliados invitándolos al viaje, incluyendo en el texto de las misivas la posibilidad de incrementar en u$s 6.000 millones las ventas a Brasil.
De todos modos, la respuesta que obtuvo Mendiguren en San Pablo fue tan gaseosa como las promesas de los angoleños a Moreno y sus acompañantes; sucede que Brasil compra extrazona sencillamente para compensar la balanza comercial con los países a los que les exporta su producción; no parece probable que vaya a modificar esa política.
La travesía paulista será el prólogo para una nueva misión a Angola que se llevará a cabo dos semanas más tarde; en esta ocasión se montará una exposición de productos argentinos y algunas fuentes oficiales se animan a prometer la presencia de Cristina de Kirchner en su inauguración.
En ninguno de estos casos se espera la presencia de empresarios cuyos grupos juegan un rol clave en la orientación de la UIA. Moreno no oculta en sus encuentros privados con otros hombres de negocios su desconfianza hacia la conducción de la central fabril, como tampoco lo hace contra otras entidades empresariales.

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