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Moreno presiona a empresas a que generen divisas
Guillermo Moreno
Detrás de esta nueva aparición de Moreno se esconde la escasez de dólares. Si bien la balanza comercial este año puede terminar con un superávit de u$s 8.000 millones, la cuenta corriente (bienes, transferencias y servicios como pagos de fletes, regalías e intereses) se reduciría a menos de 3.000 millones, un monto pequeño frente a la constante fuga de divisas que se está produciendo desde el 13 de marzo, cuando Cristina de Kirchner anunció el adelantamiento de las elecciones legislativas.
La Argentina ya puso en vigencia licencias no automáticas para determinados productos, lo que obliga a contar con autorización oficial para el ingreso de productos. No se trata tampoco el debut de Moreno en política comercial: en febrero trabó el ingreso de 300.000 cajas de bananas procedentes de Ecuador en venganza por una decisión de ese país de detener productos argentinos. Luego, debió revertir la medida. Una víctima de las trabas para importar fue el licenciatario local del emporio Armani, ahora en retirada del país (igual final podría seguir Lacoste en los próximos días, según fuentes del sector). Su costo de producir en la Argentina, si siguiera la política de Moreno, es mayor que en Estados Unidos.
En realidad, el Gobierno a pleno está reimpulsando el ya olvidado proceso de sustitución de importaciones. Cristina de Kirchner afirmó el lunes en San Fernando que hay que «aprovechar la crisis económica del mundo como una nueva oportunidad para que haya cada día más industria nacional y para depender cada vez menos de insumos que tengamos que adquirir en el extranjero». Ya en marzo había señalado en Córdoba que «había que empezar un nuevo proceso de sustitución de importaciones». La paradoja es que antes de la crisis internacional, el propio modelo oficial con «tipo de cambio competitivo» generaba un déficit de comercio industrial de u$s 20.000 millones.
Las reacciones de las empresas ante los llamados de Moreno fueron variadas. Hubo algunos que pudieron mostrar ya ventas al exterior. Otras fueron emplazadas a que lo hagan antes de setiembre. Mucha alarma ello no generó: cinco meses hoy en la Argentina es una eternidad. En definitiva, lo de las trabas para importar no deja de ser una variante más a las ya existentes para las compras o giros de divisas al exterior por parte de empresas, pero trasladadas a los bienes.


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