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Moyano, filoprogre: vio a exchachistas
Curiosa cumbre Moyano-Sigal, inimaginable en otros tiempos.
La cita juntó a referentes antagónicos como Adriana Puiggrós y el gremialista de la CEAMSE Jorge Mancini. La referencia vale también para los jefes de cada pelotón: sin computar la empatía K, Sigal -ex PC y fundador del FG- poco tiene en común con el jefe de la CGT.
Así y todo, el camionero tuvo la delicadeza de evitar a algunos lugartenientes. No sentó, por ejemplo, a Omar Viviani, que en la cosmogonía moyanista encarna el ala más dura, mientras Juan Carlos Schmid, Omar Plaini y Horacio Ghilini, entre otros, conformar el bloque «plural».
Ese grupo es conocido como «Los Jesuitas» dentro del ancho continente sindical del moyanismo, mientras de la otra punta aparecen Viviani y, entre otros, «Paco» Manrique de SMATA, sindicado como el núcleo ordotoxo, rápidamente bautizado como «Los Opus».
Sigal, a su vez, además de con la diputada Puiggrós llegó con el economista Arnaldo Bocco, el titular del FG porteño Alejandro Otero y, entre otros miembros del buró frentegrandista, el ex PI Jorge Drkos.
A pesar de las distancias, cada uno cosechó lo que buscaba: el camionero usó la cumbre como un gesto de apertura porque lo muestra en buenas relaciones con un espacio de la progresía K que integra la Corriente Nacional de la Militancia (CNM), que montó el show del 11 de marzo en Huracán.
Se sentó, además, con ese partido que objeta las políticas de Daniel Scioli -días atrás pidieron, no tan veladamente, la remoción de Ricardo Casal de Seguridad al plantear que la provincia debía alinearse con la Nación en esa materia- y acusó al gobernador de «cerrarse».
Moyano escuchó las quejas y se comprometió a hacer llegar a Scioli los pedidos de que «el Gobierno provincial tenga una postura más abierta y de diálogo con los sectores del kirchnerismo bonaerense», según la parrafada que lanzó, entre café y café, Sigal.
El camionero, en tensión constante con el cacicazgo del PJ bonaerense y, en paralelo, cuestionado por los armadores de los hiperkirchneristas de la CNM, encontró en la larga charla con los dirigentes del Frente Grande un poco de maquillaje filoprogre.
Frente a ese auditorio, luego de elogiar a Cristina de Kirchner y mostrarse calmo y componedor, planteó la necesidad de una construcción frentista en la provincia de Buenos Aires de cara al armado de las listas del Frente para la Victoria para octubre.
Era, justamente, lo que quería escuchar el malón encabezado por Sigal que, como la mayoría de los armados K, observa con incertidumbre cómo va a operar el diseño de las boletas de candidatos sin la presencia ubicua y compensadora de Néstor Kirchner.
Detrás de la visita del Frente Grande a la sede de Camioneros en Constitución brota otro indicio: la CNM, capitaneada por Emilio Pérsico (Evita), Edgardo Depetri (Frente Transversal) y, entre otros, Agustín Rossi, explora la posibilidad de un pacto con Martín Sabbatella.
Ayer, Moyano escuchó de boca de los visitantes que la prioridad de ese sector es apostar a la orgánica del Frente para la Victoria, pero que esa voluntad depende de que el PJ, que preside Moyano, y el Gobierno de Scioli, tengan gestos de «contención» de todos los sectores.
Por otro lado, el encuentro del Frente Grande con el jefe de la CGT puede leerse, además, como un movimiento del FG, ajeno a los ordenamientos que pretende fijar la cúpula de la Corriente.
Como gestos de amabilidad mutua -así como los jugadores se intercambian banderines-, Moyano y Sigal se invitaron mutuamente a los actos de cada uno: el de Huracán, el 11 de marzo, y el que prepara el moyanismo para el Día del Trabajador en la 9 de Julio.
Habrá, además, algunos gestos logísticos de colaboración: el centro de estudios que impulsa la CGT, motorizado por Ghilini (SADOP) y Héctor Recalde intercambiará datos y criterios con la fundación del Frente Grande. Un detalle, nomás, pero que puede decir mucho.


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