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Muertes por desnutrición, similares a cifras de 1980

No sorprende lo que está ocurriendo en la provincia de Salta, que no es la única, ya que lamentablemente tenemos que referirnos a las muertes por desnutrición como un fenómeno estructural de la Argentina contemporánea.
Repasando la serie histórica de cifras oficiales de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud del Ministerio de Salud, las defunciones por desnutrición en todos los grupos de edades están estancadas desde el año 1980 con pequeñas oscilaciones.
Para citar sólo algunos ejemplos: en 1980 murieron por esta causa 1.202 argentinos; en 1986, 1.135, en 2007, 1.311 y en 2009, 1112, según los registros de los certificados de defunción. Sin embargo, no se incluyen las omisiones o subregistros como tampoco las defunciones por otras causas de muerte, como las infecciones respiratorias o del aparato digestivo o patologías asociadas que sufre el 30% de los 11.000 niños menores de cinco años que mueren al año.
Treinta niños menores de cinco años mueren cada día en la Argentina, diez de ellos tienen como enfermedad de base la desnutrición.
Existen provincias donde la mortalidad por desnutrición subió un 50% con respecto a los 80, como Salta, Santiago del Estero, Córdoba, entre otras. En Catamarca subió siete veces y en San Juan diez veces.
Casos
Llaman la atención la Ciudad de Buenos Aires, que está igual, con 33 defunciones, y la provincia de Buenos Aires, la más rica del país y que concentra más de un tercio de la población total, que sólo descendió un 10% en tres décadas: de 226 en 1980 pasó a tener 208 en 2009.
En un análisis más detallado, sorprende que las muertes por desnutrición hayan aumentado notablemente en los mayores de 65 años. Por ejemplo, en el año 1980 en todo el país murieron por esta causa 224 personas y en 2009 murieron 892, es decir cuatro veces más.
Si tomamos cifras por jurisdicciones, en la provincia de Buenos Aires se triplicó la mortalidad de 57 a 168, en la CABA aumentó un 40% (de 23 pasó a 32), en Salta subió 10 veces (de 8 trepa a 87), en San Juan de 6 a 87, las segundas más altas después de la provincia de Buenos Aires; Tucumán de 7 a 55, Santiago de 4 a 59 y en general aumentó en todo el resto del país.
Lo «escandaloso», como lo manifestó la Iglesia, es que nuestro país produce alimentos para 300 millones de personas, es decir 8 veces más que para abastecer a toda su población, y que tengamos miles de argentinos, muchos de ellos niños, mujeres embarazadas, adolescentes, hombres y ancianos que sufren desnutrición de distintos grados y que se mueren de hambre.
La desigualdad progresiva en la distribución de los recursos para las distintas jurisdicciones, la inequidad de la brecha entre ricos y pobres, el aumento de la pobreza, el desinterés y la falta de políticas activas del Estado, que destina los recursos para otros fines, cuando el INDEC niega la inflación y publica que la suma de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) para una familia tipo es de $ 578, seguramente miles de familias argentinas sufren de desnutrición. Estas consideraciones serían la explicación más certera para dar una respuesta al flagelo.
Si bien la Asignación Universal por Hijo fue un avance, como lo es también su posible extensión a las embarazadas, no alcanza para tapar el hambre, que es la punta del iceberg de una serie de necesidades básicas insatisfechas, como alimentación adecuada, agua potable, vivienda digna, educación, trabajo, atención médica accesible y de calidad.
Imperdonable es que en la actualidad, después de 30 años, sigamos teniendo miles de muertes por hambre, pero lo peor es que en un país rico la desnutrición estructural es un hecho más al cual nos acostumbramos.


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