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Murió Cacoyannis, el griego internacional
Además de «Zorba el griego», su film consagratorio, Michael Cacoyannis dejó obras brillantes con Melina Mercouri o Irene Papas.
Entretanto, Cacoyannis se destacó con varios dramas de mujeres agobiadas por las tradiciones y la maledicencia, como «La joven de negro», «Cinco horas, un destino» y «Electra», que fue también su primera versión de una obra de Eurípides, y su primer trabajo con la gran trágica griega Irene Papas.
En 1964, la 20th Century Fox respaldó el que sería su trabajo consagratorio: «Zorba el griego», gozosa y vibrante versión de la novela del Nobel Nikos Kazantzakis, con Anthony Quinn como el hombre que sabe transmitirle a un visitante el sentido de la vida como una fuerza a la que más vale acoplarse y disfrutar. Momentos inolvidables, el adiós de la viejita Lila Kedrova (y acto seguido la invasión de vecinas ansiosas de llevarse «un recuerdo»), y la escena del baile en la playa entre Quinn y Alan Bates, con música de Mikis Theodorakis, tema que hizo época en todo el mundo, y aún se baila. Esa obra ganó tres Oscar a mejor director, mejor guión adaptado y mejor película.
Lamentablemente, el director tuvo después una carrera despareja, que incluyó algunas piezas menores (por ejemplo, «El día que salieron los peces», con Tom Courtenay), y una sinceramente mala («Dulce país», con Jane Alexander, ambientado en Chile). Pero hizo también otras, más que atendibles, una versión de «Las troyanas» en inglés, con Katharine Hepburn, Vanessa Redgrave, Genevieve Bujold e Irene Papas, y otra enteramente griega de «Ifigenia», 1977, tal vez su mejor obra, con la Papas y una chiquilina de rostro inolvidable, Tatiana Papamoschou, en el rol de la hija condenada por su propio padre al sacrificio. «Nunca había hecho cine, pero la vi en un viaje en avión, contemplé su cuello largo y delicado, su mirada obediente, y enseguida le ofrecí un contrato», dijo entonces el autor.
A partir de allí, la chica hizo una atendible carrera en el cine y la TV de su país. Cacoyannis, en cambio, apenas hizo otras tres películas. La última, en 1999, una versión de «El jardín de los cerezos» con Charlotte Rampling y el ya veterano Alan Bates. Quienes la vieron dicen que es un digno canto de cisne.


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