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Murió Vincenzo Cerami, exitoso guionista romano
VIncenzo Cerami (der.) junto a Roberto Begnini.
Nacido en Roma el 2 de noviembre de 1940, nada hacía suponer que Cerami, un joven jugador de rugby, iba a entrar en el mundo del cine a los 25 años por la puerta que le abrió Pasolini, tomándolo como asistente en tres películas, a comienzos de los años '60, "Comizi d'amore", "Uccellacci e uccelini" ("Pajarracos y pajaritos"), y el episodio de "Le streghe", "La terra vista dalla luna", ambas con Totò.
"Si no hubiera sido por él -declaró en una oportunidad- nunca habría aprendido a mirar simultáneamente al mundo con piedad y severidad".
Luego de una larga serie de colaboraciones a guiones de "spaghettis-westerns" anónimos, Cerami descubrió en 1976 su veta de escritor con "Un borghese piccolo piccolo" ("Un burgués pequeño pequeño"), retrato despiadado pero humano de un hombre que se venga cruelmente del asesino de su hijo, encarnado por un magistral Alberto Sordi. El éxito de esa película, canto del cisne de la comedia a la italiana, le permite colaborar con un grupo de directores que en los años de la guerrilla urbana tratan de observar al país con ojos de izquierda.
Es así que colabora con cineastas como Sergio Citti o Marco Bellocchio pero sobre todo con Giuseppe Bertolucci y Gianni Amelio, autores respectivamente de "Segreti segreti" y de "Colpire al cuore"; tal vez las miradas más lúcidas que supo dar el cine italiano a una realidad conflictiva. La primera contaba la historia de una brigadista roja arrepentida y la segunda la de un padre simpatizante de las Brigadas Rojas (grupo armado activo en los '70 y principio de los '80) denunciado por su hijo.
En 1988 se produce el encuentro fundamental de su vida con Benigni, quien le pide escribir con él una comedia fuera de los cánones habituales como "Il piccolo diavolo" ("El diablito"), al que seguirán "Johnny Stecchino", "Il mostro" y finalmente "La vita è bella", ganadora del Oscar.
La colaboración continuará con "Pinocchio" y "El tigre y la nieve" y con varios proyectos que duermen en algún cajón. Comunista sin arrepentimiento, Cerami unió el compromiso político al artístico sin dejar por un momento, al menos hasta que las fuerzas se lo permitieron, de señalar los peligros que corría una Italia entregada al berlusconismo.


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