22 de agosto 2011 - 00:00

“Musicasiclásica” tras los pasos de Les Luthiers

Dirigidos por Juan Ignacio Guerra, Virginia Kaufmann y Mariano Moruja brindan un espectáculo que recuerda al primer Les Luthiers, y que ganaría en comicidad con algunos ajustes.
Dirigidos por Juan Ignacio Guerra, Virginia Kaufmann y Mariano Moruja brindan un espectáculo que recuerda al primer Les Luthiers, y que ganaría en comicidad con algunos ajustes.
«Musicasiclásica» por el grupo Dos acordes. Dir: M. Moruja. Int: V. Kaufmann y J.I. Guerra (ambos en voz, diversos instrumentos y actuación). (C.C.Konex; los viernes).

La referencia, inevitablemente, es Les Luthiers; sobre todo de las primeras épocas, cuando lo que proponían incluía muchos guiños sólo comprensibles para músicos y melómanos.

Cantante, música y actriz, Virginia Kaufmann tiene experiencia en espectáculos de lo más variados. Formada en música, teatro, comedia musical y danza, y musicoterapeuta, sus búsquedas son una constante en la cartelera porteña. El pianista, compositor y director de orquesta Juan Ignacio Guerra, hizo su licenciatura en música en la Universidad Católica y la mayor parte de su carrera anduvo por el terreno de la música clásica. Es fundador del Ensamble de Buenos Aires, presentó obras en diferentes escenarios -el teatro Colón incluido- y dirigió conjuntos, especialmente de música contemporánea.

Por último, también tiene una sólida preparación musical el director del espectáculo, Mariano Moruja. Director de coro, docente y director teatral, tiene un importante camino recorrido en estas distintas actividades.

Con este bagaje, lo mejor de este espectáculo está en la idea y en la construcción. Músicas que remiten a compositores barrocos, clásicos o románticos; canciones que se burlan de los estereotipos de la música más mercantilizada; ironías sobre el tango para turistas; re-versiones de piezas conocidas pero con letra cambiada (como el caso de «Se equivocó la paloma»); diálogos musicales que mezclan la Edad media con la canción de protesta; son algunos de los recursos que usaron para armar este «Musicasiclásica». Hay, en ese sentido, muy buenos logros: la conversación construida sobre apellidos de compositores ilustres o el cuadro amoroso entre el trovador con laúd y la hippie-revolucionaria son algunos de esos momentos sobresalientes. Y todo se hace mucho más atractivo para un público habitué de conciertos puesto que muchos de los chistes requieren algún conocimiento.

Donde falla esta propuesta es, muchas veces, en la realización: hay problemas de movimiento en escena, de sonido, de dicción y de escenografía que Moruja evidentemente no pudo resolver y que achatan lo que debería ser, con algunos ajustes, un espectáculo desopilante.

R.S.

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