2 de abril 2014 - 00:00

Muy seria y nada espectacular

Como delirio de inspiración religiosa,“Noé” tiene algunos momentos fascinantes, pero en general es muy seria, algo ridícula y falla el sentido del espectáculo para una superproducción de esta índole.
Como delirio de inspiración religiosa,“Noé” tiene algunos momentos fascinantes, pero en general es muy seria, algo ridícula y falla el sentido del espectáculo para una superproducción de esta índole.
"Noé (Noah, EE.UU., 2014). Dir.: D. Aronofsky. Int.: R. Crowe, J. Connelly, R. Winstone, A. Hopkins, E. Watson, L. Lerman, N. Nolte, F. Langella.

Hay historias demasiado buenas como para poder ser mejoradas. O inclusive, difíciles de empeorar, por más millones de dólares e ideas revolucionarias que se tengan a mano. Como delirio de inspiración religiosa, el film "Noé tiene algunos momentos fascinantes. Como adaptación al cine moderno de pasajes del Antiguo Testamento, resulta bastante ridícula y casi más enigmática que los múltiples pasajes oscuros de las páginas del Génesis. Y aun como versión libre de la Biblia, que mezcla el cine de autor con la típica megaproducción épica hollywoodense, justamente se salva más que nada como placer culposo.

Es que ya en los primeros minutos, casi antes de que algún espectador desprevenido pueda acomodarse del todo las gafas 3D sin volcarse encima el balde de pochoclo, estará viendo de reojo que Noé es casi un experto en artes marciales antediluvianas, se gana la confianza de los gigantescos "Vigilantes" demasiado parecidos a los populares Transformers, y se viste con sacones y capuchas no muy aptas ni para la época ni para el lugar geográfico donde tanto la religión como la ciencia suponen sucedieron los hechos. De todos modos, lo de las capuchas quizá se pueda justificar como señal de la fe ciega de Russell Crowe en el pronóstico meteorológico. Dado que otros personajes tienen armas de fuego, incluso los descendientes de Matusalén podrían haber ido a conseguir un piloto y un paraguas. Eso sería divertido, pero imposible en una película que se toma demasiado en serio a sí misma como para permitirse cualquier cosa, por ridícula o incongruente que pueda ser, que sugiera el más mínimo toque de humor.

De hecho, el guión de Darren Aronofsky cree en sus detalles más delirantes, a los que describe en forma más solemne que cualquier adaptación de las Sagradas Escrituras que haya filmado Cecil B. De Mille. Eso sí, los detalles de humor involuntario abundan, algunos verdaderamente sorprendentes y disfrutables, al menos para aquellos miembros del público con un sentido ecuménico de la diversión. Todo esto no quita que, dada la sinceridad con la que el director de la pesadilla rabínica "Pi" y las dimensiones verdaderamente "bíblicas" de esta superproducción, cada tanto el film consiga lo que tal vez haya sido la idea de todo este asunto: partir de la premisa de una de las historias más conocidas del mayor bestseller de la humanidad, para luego distorsionar el relato de modo que pueda presentar temas más cercanos al siglo XXI. Aun aceptando la falta total de rigor y sentido común de la mayoría de estas distorsiones, lo cierto es que cuando Aronofsky logra mantener a flote sus situaciones más extrañas, "Noé de golpe se vuelve interesante, con dos o tres giros de revisionismo extremo hasta lo dramático que merecen algo de atención.

No se puede negar el acercamiento genuino del director a una historia presente en todo tipo de culturas, desde Gilgamesh hasta los mitos guaraníes -pasando sobre todo por variaciones de Manuscritos Apócrifos-, lo que logra que aun en medio de los exabruptos del guión el asunto pueda seguir resultando digno e interesante. Visualmente es mucho menos espectacular de lo esperable, lo que tiene un lado loable la originalidad-, y otro no tanto -no hace falta gastar tantos millones de dólares para sintetizar todo en escenas intimistas, oscuras, casi como de película de terror de bajo presupuesto-. Las visiones apocalípticas son breves, pero feroces y muy creativas. Y por primera vez en el cine, el techo del Arca sirve como decorado, a modo de la cubierta de un submarino. En cambio la acción animal esencial en la historia no sólo está desaprovechada, sino que luce demasiado digital, y por lo tanto lejana e irreal. Esto sí que es una pena. El Noé de Russell Crowe se parece más que nada a Rusell Crowe (en versión bien enojosa y crispada), y el Matusalén de Anthony Hopkins es, al menos, un despropósito de alto nivel. La mejor actuación de la película está a cargo de una asombrosa Emma Watson, lástima que en un personaje poco ortodoxo.

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