20 de enero 2011 - 00:00

Narcoavión: crece hipótesis de Morón como punto de carga

La Justicia está convencida de que la cocaína que el avión Challenger 604 llevó a Barcelona no pudo ser cargada en el aeropuerto de Cabo Verde. Se afianza la idea de que el cargamento subió en la base de Morón.
La Justicia está convencida de que la cocaína que el avión Challenger 604 llevó a Barcelona no pudo ser cargada en el aeropuerto de Cabo Verde. Se afianza la idea de que el cargamento subió en la base de Morón.
En la hipótesis de que los 944 kilos de cocaína del avión de los Juliá se cargaron en Morón, el juez Alejandro Catania, a cargo de la investigación, citó como testigo al jefe del aeródromo, Ricardo Palazón. La pista, rodajes, plataformas, torre de control y hangares están bajo control de la Administración Nacional de la Aviación Civil (ANAC), dirigida por Alejandro Granados, organismo que integra el Ministerio de Planificación Federal.

Palazón deberá concurrir a los tribunales el próximo viernes. El magistrado realizó el martes pasado una inspección al predio, los rodajes, los hangares y la plataforma donde estuvo estacionado el jet Challenger 604.

La prolongada permanencia del aparato (50 días) en una pista poco habitual para aviones del porte del que tripulaban Eduardo y Gustavo Juliá junto con Gastón Miret no despertó sospechas a las autoridades aeroportuarias locales, sólo el comentario de los pilotos civiles que a diario transitan en vuelos escuela.

El juez trata de determinar si hubo o no controles y si existieron condiciones que facilitaron la carga del avión en esa pista del conurbano bonaerense.

Desde el Gobierno, en cambio, aseguran que la droga fue ocultada dentro de los paneles de la aeronave en Cabo Verde (África). Inclusive, el ministro de Defensa, Arturo Puricelli, habló de «utilización política» del caso por las versiones que apuntan a que la droga se cargó en la Argentina y desligó a la Fuerza Aérea de las sospechas. Dijo tener «bronca contenida» por las imputaciones al personal de la fuerza por la supuesta falta de controles. De confirmarse que la carga se subió en el país, se abre otro frente más sensible para el Gobierno (y Granados): la desconfianza en los procedimientos de prevención en terminales internacionales (Ezeiza) y su correlato de posible disminución de categoría que hacen entes como la Federal Aviation Administration (FAA) de los Estados Unidos.

El brigadier general Normando Costantino, en un escrito dirigido al Juzgado Federal Nº 12 a cargo de Sergio Torres, que investiga el presunto incumplimiento de los deberes de funcionarios públicos en el tema del narcoavión, ya apuntó hacia la ANAC. Detalló que la fuerza no tiene injerencia en el control y las actividades de aviones civiles tanto en la pista, los rodajes, los hangares, como en la plataforma del aeródromo. La presentación la hizo el comodoro Jorge Ayerdi, jefe de la base aérea de Morón. Arranca con la piedra angular que despega a los aviadores y señala a Granados: el Decreto Nº 1.170/2007, que firmó Néstor Kirchner, por el que se transfirió a la ANAC la totalidad de las funciones de control y habilitaciones del negocio aerocomercial que tenía la Fuerza Aérea. También existe un convenio firmado por Costantino y el entonces zar de la aviación civil, Rodolfo Gabrielli, específico para dirimir territorios y áreas de trabajo en Morón.

El margen de descargo del jefe del aeródromo Palazón (ANAC) es muy estrecho, podría apuntar a la escasa seguridad perimetral del predio, un alambrado que no está completo e inclusive inexistente en más de 200 metros paralelos a la pista. También podría señalar que como se trata de una base militar, los uniformados deben asegurar el objetivo en el marco de la protección del patrimonio que es de uso civil y militar. No se explica por qué la ANAC contrató a la empresa de vigilancia privada USS y la apostó en uno de los accesos -el que usaron los Juliá y usan a diario los técnicos y pilotos de la escuela Flight Center, entre otros-. Y además patrulla en móviles la pista, rodajes y plataformas del aeródromo. Más aún, cada año, cuando la Fuerza Aérea festeja el aniversario del bautismo de fuego en la base Morón, es la empresa privada quien autoriza -previo visto bueno de ANAC- la ubicación de palcos y vallados en el predio aledaño a la pista. Que las medidas de seguridad son cuanto menos «flexibles» lo acreditan varios relatos de instructores de vuelo en conversación con este diario.

«Es muy común el robo de cableados, balizas y material de construcción de la pista», comentan. «Repetidas veces se robaron las luces de balizamiento que demarcan la pista, así se perdió la capacidad de operar en nocturno que tenía Morón, que la tuvo hasta 1997; después ganó la desidia», dijeron los pilotos.

La propia Fuerza Aérea tuvo que disponer guardia armada permanente en 2007 para proteger el radar Lanza tridimensional que había cedido en préstamo el Ejército del Aire de España en el marco de la crisis del control aéreo, cuando un rayo dejó sin servicio el radar de Ezeiza.

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