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Negligencia, fuego y asfixia: otro Cromañón
Las similitudes son elocuentes. Al igual que en Cromañón con el grupo Callejeros, más de 2.000 personas, en su mayoría jóvenes, disfrutaban de un recital en Club Kiss, y tras el estallido de pirotecnia, se disparó un voraz y trágico incendio.
En el boliche, a 307 kilómetros de Porto Alegre, capital de Río Grande do Sul, los paneles acústicos no estaban dotados de materiales ignífugos, un déjà vu de lo vivido en el local bailable de Once. En uno y otro lugar, la causa de la mayoría de las cerca de 200 muertes se debió a la asfixia.
Culpables
En la Argentina, músicos de Callejeros fueron encontrados culpables por la Justicia de haber fomentado el uso de bengalas y el ingreso de más concurrentes de los que toleraba el local. El líder de la banda, Patricio Fontanet, fue condenado a siete años de prisión y actualmente se encuentra internado en un neuropsiquiátrico. En Brasil, en tanto, al cantante de la banda Gurizada Fandangueira se le atribuye haber lanzado la bengala que disparó el siniestro.
A diferencia de la concurrencia a Cromañón en 2004, que era variada y abierta, la de Brasil era una fiesta organizada por la Universidad Federal de Santa María.
Mientras tanto, padres, familiares y víctimas del boliche de Once se solidarizaron con sus pares brasileños a través de cartas publicadas en las redes sociales.
«Conmocionados, atónitos ante esta nueva tragedia», se confesaron los padres de Cromañón en un comunicado emitido por la asociación civil «Que no se repita» bajo el título «El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra».
«Nuevamente vemos cómo la vida de los jóvenes no es tomada en cuenta, sigue primando el lucro. Otra banda inconsciente, bengalas, puerta cerrada, exceso de público, un certificado de habilitación vencido: las mismas condiciones que ocurrieron en República de Cromañón. Otra trampa mortal, pánico, horror», concluyeron.
Cromañón culminó con 14 condenas a funcionarios, empresarios y músicos, varias de ellas por corrupción, e importantes repercusiones políticas, como la destitución del exjefe de Gobierno Aníbal Ibarra. La historia al respecto en Brasil está por verse.

