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Netanyahu suma al laborismo, modera su gabinete y evita chocar con Obama
Ehud Barak impuso su postura de sumarse al futuro gobierno israelí durante la reunión de ayer del Partido Laborista, pero a costa de la exacerbación de las divisiones en la agrupación de centroizquierda.
Según el acuerdo de coalición logrado con Barak, la administración que liderará el conservador partido Likud de Netanyahu respetará los acuerdos internacionales de Israel, dijo un funcionario del Partido Laborista. La fórmula incluye los acuerdos que contemplan la creación de un Estado palestino.
Barak, el arquitecto de la reciente ofensiva de Israel a Gaza, mantendrá su puesto como ministro de Defensa. El Comité Central del Partido Laborista aprobó el acuerdo de coalición -que incluye en total cinco carteras, dos viceministros y un cargo de presidente de comisión parlamentaria- luego de un acalorado debate.
Cerca del 57% de los casi 1.200 delegados respaldaron el llamado de su líder para unirse al gabinete de Netanyahu, dijo el alto funcionario de la facción Eitan Cabel. «El Comité Central ha tomado una decisión, y lo hizo claramente. Haremos todo lo posible por permanecer unidos», sostuvo.
«No le tengo miedo a 'Bibi' Netanyahu», afirmó por su parte Barak ante el Comité Central, utilizando el apodo del primer ministro designado.
Barak intentó desestimar los rumores de que su partido tendrá poco poder de decisión dentro de la próxima administración. «Seremos una contrapeso para asegurarnos de no tener un Gobierno estrecho de derecha», aseguró.
La sesión fue por momentos tumultuosa, con aplausos y abucheos que mostraron un partido dividido.
En su discurso, que fue interrumpido en varias ocasiones por los gritos de sus detractores, Barak dijo: «No tenemos otro país. Pueden gritar 'oposición' todo lo que quieran, pero la mayoría de los votantes laboristas quieren vernos en el Gobierno». «El pueblo necesita y quiere un gobierno de unidad. Gobernaremos no con palabras, sino con hechos», aseveró.
Una de las opositoras a Barak, la diputada y periodista Shelly Yajimovich, insistió en que «no es ninguna vergüenza sentarse en la oposición. Por el contrario, es un gran honor».
El rechazo a la iniciativa de integrar el Ejecutivo de Netanyahu por numerosos militantes de un partido miembro de la Internacional Socialista deriva del hecho de que lo integrarán la formación de extrema derecha Israel Beitenu (Israel Nuestra Casa), de Avigdor Lieberman -quien será canciller-, y el partido religioso sefaradí Shas.
La canciller saliente y líder del partido Kadima («Adelante»), Tzipi Livni, se ha negado hasta ahora a un acuerdo con Netan-yahu por considerar insuficientes las garantías de éste a la continuidad de las negociaciones con los palestinos.
Netanyahu ha evitado declarar explícitamente su apoyo a una solución de dos Estados para israelíes y palestinos, la esencia de los esfuerzos de paz en Medio Oriente impulsados por Estados Unidos. Pero la aceptación indirecta de aquel objetivo y la formación de un Gobierno amplio que incluirá a los laboristas, podría mantener a Netanyahu alejado de un posible curso de colisión con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quien desea impulsar el diálogo de paz.
Con todo, observadores críticos de la alianza de Netanyahu con partidos laicos y religiosos de la derecha dura denunciaron que el acuerdo que éste cerró con Barak es ambiguo. No hay en él, afirman, ninguna mención específica a negociaciones con los palestinos, y sólo indicó que el Gobierno liderado por Netanyahu buscará «un acuerdo regional de paz y cooperación en Medio Oriente». La aceptación de la fórmula «dos Estados para dos pueblos» surge del reconocimiento de los compromisos internacionales adquiridos hasta ahora por Israel. Según el acuerdo de coalición, «Israel está comprometido con todos los pactos diplomáticos e internacionales que los gobiernos israelíes han firmado a través de los años».
El político laborista Isaac Herzog sostuvo que el texto representa un compromiso con la declaración de Annapolis y con la «hoja de ruta» respaldada por Washington para despejar el camino hacia la creación de un Estado palestino.
Netanyahu señaló que su Gobierno negociaría con los palestinos, pero desea que las charlas se centren por el momento en un impulso a la economía en lugar de discutir temas territoriales, una perspectiva que los palestinos rechazan.
Con los laboristas, Netanyahu tendría una mayoría gobernante de 66 escaños en el Parlamento de 120 miembros, un margen que aún podría ampliarse antes del plazo de 3 de abril para definir el Gobierno de coalición. Sin embargo, se debe tener en cuenta que siete de los trece legisladores laboristas habían afirmado antes del acuerdo anunciado ayer que no sumarían su respaldo a la gestión de Netanyahu, lo que hacía temer a algunos analistas por una ruptura en el laborismo.
Ese partido, predominante en la etapa fundacional de Israel, quedó cuarto en los comicios celebrados el mes pasado, lo que constituyó el peor resultado de su historia.


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