La estrategia es vieja, se da una buena noticia (la repostulación de Bernanke al frente de la Fed) para esconder otra mala (la admisión de que el déficit de los próximos 10 años crecerá a u$s 9 billones, que el desempleo en 2010 promediaría el 9,8%, que para 2019 la deuda norteamericana llegaría a u$s 17,5 billones -el 80% del déficit de ese año sería por el pago de intereses-, pasando del actual 56% del PBI a un improcedente 76,5%). Si bien más de uno intentó vincular la suba del Dow con la buena, lo cierto es que los inversores le prestaron más atención a la mejora en la confianza de los consumidores y al incremento en el precio de las viviendas, que hizo del sector del consumo la estrella de la jornada. Si el Dow no trepó más que el 0,32% para quedar en 9.539,29 puntos, esto tuvo que ver con el desplome del sector energético y el petróleo (en u$s 72,05 por barril). Ayer planteábamos que más tarde o más temprano se espera una suba de tasas. La cuestión era por qué si todos sabemos esto las tasas no suben ya. Más allá de aseveraciones como las de este viernes por Bernanke esto tiene que ver con que en el mercado de bonos se cree en dos cosas: a) que la salida de la crisis no implica que los consumidores entraran en un frenesí consumista, y b) que los bancos no han limpiado los activos tóxicos de sus carteras.
La visión a futuro es entonces la de un consumidor endeudado, una tasa de desempleo elevada, sueldos congelados y una economía que apenas se arrastra, mientras los bancos aprovechan las bajas tasas/altos márgenes para sanear sus carteras. Así, mientras la palabra deflación siga girando no hay problema, porque hoy los rendimientos reales son positivos. Pero eventualmente esto habrá de cambiar.
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