12 de septiembre 2011 - 00:00

Nilda Fernández: “Cualquier ser humano en este mundo es emigrante”

Fernández: «Soy un Innu Nikamu, un Hombre que canta, como lo dice el título de un disco mío con Michel Camilo que definía mi música como pop ecléctico, lo cual no me parece mal».
Fernández: «Soy un Innu Nikamu, un Hombre que canta, como lo dice el título de un disco mío con Michel Camilo que definía mi música como pop ecléctico, lo cual no me parece mal».
«Mi última visita a la Argentina fue en 1998. Esa vez, estuve de gira con músicos argentinos y europeos. También había estado un tiempo antes, cuando hice un dúo con Mercedes Sosa. Después de aquel viaje de los 90, en la primera década del 2000, la casualidad me llevó por otros rumbos bastante alejados. Pasé años en Rusia y meses en Cuba», dice a este diario Nilda Fernández.

Catalán con sangre andaluza y habitante desde hace años en París, cantautor, heterodoxo en sus modos de componer y de cantar, preocupado por el aspecto escénico, resistente desde la asunción de su seudónimo artístico -cambió el «Daniel» de su documento por un nombre femenino-, Nilda Fernández tiene una fuerte cercanía con la Argentina. Con Mercedes Sosa grabó su tema «Mon amour». Esta semana hará dos conciertos en la Sala Siranush, los días 15 y 18.

Periodista: Los comentarios europeos dice que estuvo un tiempo fuera de la escena. ¿A qué se refieren?

Nilda Fernández: Eso de «fuera de escena» lo dicen los periodistas en Europa. Pero, como siempre, resulta una visión bastante «europeocéntrica». Habría que decir que desaparecí de un sitio para aparecer en otro. Sería pueril decir que el sol o la luna desaparecen cuando no se los ve. Sencillamente alumbran en otra parte.

P: ¿Dónde ha estado entonces?

N.F.: Estuve casi seis años viviendo en Rusia. En Moscú concretamente, aunque desde allí recorrí gran parte de aquel inmenso país. Todo fue a raíz de dos dúos con un cantante ruso famoso, Boris Moisseev, que llegaron a ser dos éxitos en Rusia, pero también en Ucrania, en los países bálticos y también en Israel donde emigraron muchos rusos. Boris me conocía de oídas por los discos y, al enterarse que yo estaba en Moscú, quiso verme e insistió para que trabajásemos juntos. Esto duró varios años y me permitió recorrer miles de kilómetros, ya con él, ya con músicos rusos, ya con un pianista cubano virtuoso que se llama Aldo López Gavilán. Pero aquellos años también fueron cubanos para mí. Y es una casualidad muy significativa cuando se recuerda los vínculos antiguos entre Cuba y la Unión Soviética. Allá, empecé cantando mis canciones en el teatro Nacional de La Habana con un grupo de música tradicional de Santiago. Luego, volví para organizar la inauguración de una «Casa Víctor Hugo» en la capital. Pero lo más interesante de todo fue la creación y la puesta en escena de una obra circense en una carpa de La Habana, apoyado por el Ministerio de Cultura, con cuarenta artistas de circo y danza.

P.: Hay un disco suyo del año pasado que lleva sencillamente su nombre, y ya es el tercero de sus once álbumes que bautiza así. ¿Qué lo lleva a hacer algo que cuestionaría cualquier jefe de marketing?

N.F.: No me venía ningún título para el disco. Esto me ha ocurrido varias veces. Encerrar unas cuantas canciones debajo de una palabra más o menos ingeniosa siempre me ha parecido desesperante. Tiene que haber evidencias y cuando no se presentan, no hay que forzar nada. El disco salió sin nombre pero cuando lo vi publicado, me di cuenta de que, en la portada interior, había una foto que yo saqué de un grafiti en Génova (donde grabé las canciones), que decía: «Ti Amo» con una caligrafía muy rara, muy callejera. Entonces pensé que éste tenía que ser el nombre secreto del disco, sin ostentación puesto que no venía en la portada.

P: ¿Le resulta cómoda la categoría «cantautor»?

N.F.: ¿Por qué no? Cantautor lo soy de hecho. Antes que nada me parece que soy un «Innu Nikamu», un «Hombre que canta» como lo dice el título de un disco mío grabado en Nueva York con Michel Camilo que definía mi música como un «pop ecléctico», lo cual tampoco me parece mal.

P: Entre los muchos poetas que ha musicalizado aparece Borges con la «Milonga de Manuel Flores». ¿Hay algún otro argentino en su mira para futuros trabajos?

N.F.: En la Argentina no se sabe nada de un disco mío que tiene mucho que ver con ese país. Mientras cenábamos en su terraza de Connecticut después de terminar «Innu Nikamu», Michel Camilo me animó a contactarme con Ana Belén y Víctor Manuel que buscaban entonces canciones para el centenario de García Lorca. Empecé a componer en París pero también en Buenos Aires durante una estancia que duró casi dos meses. Recuerdo que durante aquella presentación que hicieron Joaquín Sabina y Fito Páez de su labor común y algo narcisista, me vino la idea de un disco sofisticado pero sencillo, «medular», con dos instrumentos tan primos hermanos como la guitarra flamenca y la sudamericana. Sabiendo que Lucho González, el guitarrista que yo conocí con Mercedes, había estado de gira con Tomatito, guitarrista de Camarón de la Isla, me contacté con ambos. Ya había abandonado la idea de las canciones para los demás y me entusiasmaba la de fraternizar con Lorca que tanto me había revelado con sus conferencias sobre el cante jondo de Andalucía. Empecé a grabar con Lucho en París, estuve en Madrid para las guitarras de Tomatito, puse alguna percusión en Nueva York con Mino Cinelú y grabé en Buenos Aires palmas y castañuelas así como unos coros cubanos en casa de Pedro Aznar que aprovechó mi presencia para grabar mi canción «Los días aquellos». El disco salió en Francia y en España bajo el título de «Castelar 704», que es el hotel y la habitación de la avenida de Mayo en que vivió Lorca durante su estancia porteña y donde yo me hospedé unos cuantos días también. Federico y Borges se cruzaron por allí sin gustarse para nada. Me interesa pensar que «La milonga de Manuel Flores» que yo musicalicé en el hotel Fénix de la calle San Martín tiene que ver con un tardío remordimiento de Borges al enterarse de cómo habían asesinado a Federico. Eso de los «cuatro balazos», que está en su texto, siempre me llama la atención.

P: Después de tantos años en Francia, ¿Se sigue sintiendo igualmente cómodo escribiendo y cantando en ambas lenguas?

N.F.: Este disco «Ti amo», lo grabé exclusivamente en francés pero en Italia. Concretamente en Génova que tanto tiene que ver con Buenos Aires. Lo hice así porque al volver de Rusia sentía la necesidad de arraigarme y agarrarme a un solo idioma. No sé por qué. Son cosas humanas y artísticas a la vez. Sin embargo en estos momentos estoy terminando un disco que incluye canciones en castellano. Es algo mucho más eléctrico, de estética rockera, con textos bastante comprometidos.

P: En el mismo sentido, ¿cuán francés y cuán español se siente?

N.F.: Tengo dos pasaportes: el francés y el español. A poco me saco el ruso y, si me viene bien también el argentino. Cualquier ser humano en este planeta es un emigrante o, por lo menos, el descendiente de alguna trashumancia. Él que no se lo cree tiene que informarse más sobre su propia historia genética.

P: Dicen algunas referencias que hace años escribió una autobiografía. ¿Qué piensa sobre eso tiempo después?

N.F.: No escribí una autobiografía. Gracias a Dios, aún vivo mi vida sin necesidad de escribirla. Lo que sí publiqué fueron una novela (vaya a saber por qué la confusión) y un diario que redacté durante dos años en Moscú y en Cuba. En la Argentina empecé algo que se llama «Buenos Aires y otros cuentos». Lo tengo que terminar. Son historias de la calle, cortas y que sólo puedo escribir en los bares de Palermo o de San Telmo.

P: ¿Cómo será esta nueva visita?

N.F.: Esta vez me presentaré sólo con mi guitarra, Es una manera muy adecuada para reanudar relación con los que me esperan. Más adelante, volveré para presentar algo con músicos argentinos. También quisiera iniciar en la Argentina un disco de mis canciones castellanas que seguiré grabando en Cuba y en España. Así se juntaran mis tres fuentes de inspiración que son el flamenco, la milonga y el son. También tengo el proyecto de presentar mis canciones con orquesta sinfónica. Recién lo hice en Cannes, en el Palais des Festivals y fue maravilloso. La primera vez que estuve en Buenos Aires soñé con cantar un día en el teatro Colón. Este sueño tiene que cumplirse. No hay más remedio.

Entrevista de Ricardo Salton

Dejá tu comentario