El banco de inversión norteamericano J.P. Morgan revisó ayer sus pronósticos ante la escalada del conflicto entre Rusia, Ucrania y Occidente y reconoció que las tensiones aumentaron más de lo que se preveía. Son optimistas sobre la resolución, ya que asumen que Rusia no cortará el gas a Europa a través del oleoducto ucraniano y que limitaría su deseo de garantizar sus intereses dentro de Ucrania a Crimea, por lo que cualquier sanción impuesta por Occidente permitiría a los bancos rusos mantener relaciones viables con los principales bancos occidentales. Pero a la hora de evaluar el impacto de la crisis entre ambos países, en el caso de Ucrania pronostican ahora una recesión del 3,2% (antes estimaban que el PBI crecería el 0,5%) por la significativa devaluación y la medidas de austeridad que acompañarían un programa del FMI y la UE. También sufrirá Rusia, cuya economía solo crecería un 0,8% frente al 1,8% anterior, debido a un deterioro de la confianza empresarial y del consumidor local, mayor salida de capitales extranjeros y menos inversión extranjera directa hacia el interior. Respecto del impacto sobre Europa central, el J.P. Morgan considera que será modesto.
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