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No logra Mubarak frenar protestas, que volvieron a ser impactantes
Hasta 300.000 personas, según la Hermandad Musulmana, se congregaron ayer en la plaza Tahrir. El entusiasmo volvió a apoderarse de los manifestantes, mientras se reactivan los comercios.
Después de que hace una semana se incrementara la violencia con la irrupción de patotas y comandos mubarakistas, decenas de miles de egipcios retomaron el espíritu festivo de las primeras concentraciones.
La relativa calma que reina en Egipto desde el fin de semana, empujó a mucha gente a regresar a la plaza Tahrir, epicentro de las protestas, como reconoció Tarek Hamza, estudiante de Ingeniería. «Fuera de Tahrir, la vida ha vuelto a la normalidad. Por eso, mucha gente aprovecha para venir en cuanto sale del trabajo. Antes nuestras familias no querían que viniésemos. Ahora no se enteran, o directamente vienen ellas», indicó Hamza.
Los manifestantes establecieron un calendario claro, con grandes convocatorias los martes y los viernes, mientras que el resto de los días de la semana la presencia de miles de personas en carpas intenta que la revuelta no se apague. Sin embargo, la irrupción de los «baltaghiya» (matones) había sembrado dudas sobre la capacidad de los manifestantes de galvanizar a los descontentos con el régimen. A juzgar por la respuesta de ayer, el miedo se superó y el comienzo del diálogo entre el vicepresidente Omar Suleimán -en quien Mubarak delegó la gestión de la crisis- y la oposición no satisface a Tahrir.
La masiva afluencia (cifrada en 300.000 personas por la organización Hermandad Musulmana) colapsó por momentos el principal acceso a la plaza, el puente de Qasr El Nil. Por toda la explanada se colgaron grandes carteles con fotos de los muertos, considerados «mártires» por los manifestantes, en enfrentamientos con la Policía o con los prorrégimen.
Mientras, los hospitales de campaña continúan atendiendo sin pausa a heridos en incidentes esporádicos.
Oficialista
Del otro lado, los simpatizantes oficialistas se concentraron ayer de nuevo en la vecina plaza de Abdel Menem Riad, frente a las barricadas de Tahrir, aunque no se produjeron choques.
Un dato clave que determinó la necesidad de cierta vuelta a la normalidad es la dependencia de muchos egipcios de los ingresos que perciben día a día. En cuanto al número globales, «la crisis cuesta por lo menos 310 millones de dólares diarios a la economía» egipcia, estimó el banco Crédit Agricole. Con una alta tasa de desempleo o empleo informal, uno de los pocos sectores dinámicos de la economía ha venido siendo el turismo, que representa el 6 por ciento de los ingresos de Egipto. Hoy casi paralizado, el rubro generó ingresos en el país árabe por 13.000 millones de dólares en 2010, con un récord de cerca de 15 millones de visitantes.
La crisis del turismo se expresa, por ejemplo, en que los caballos que son ofrecidos para cabalgar por las inmediaciones de las pirámides, al carecer de trabajo, no son alimentados.
Pese a que el régimen anunció ayer la creación de un comité para preparar las reformas constitucionales, los manifestantes de Tahrir avisaron que el viernes regresarán con más fuerza, para reclamar la renuncia de Mubarak y honrar la memoria de las víctimas mortales que, según la ONG Human Rights Watch, son ya 297.
En una intervención televisiva tras reunirse con Mubarak, el vice Suleimán, histórica estrella de Inteligencia del régimen, explicó que se formaron dos comités, uno para estudiar cambios constitucionales y legislativos, y otro para vigilar la aplicación de las reformas anunciadas. Suleimán agregó que se va a constituir una comisión independiente para investigar los incidentes ocurridos en la plaza Tahrir de El Cairo, centro de las revueltas populares, el 2 de febrero.
El inicio del trabajo de los dos primeros comités se produce después de que el domingo pasado Suleimán y representantes de los principales partidos de la oposición, incluida la ilegalizada Hermandad Musulmana, acordaran su creación para enmendar los artículos 76 y 77 de la Constitución, que estipulan requisitos para ser candidato presidencial y el número de mandatos que puede tener el jefe de Estado. Asimismo, se acordó poner fin al estado de excepción, en vigor desde 1981.
Pese a su participación en el diálogo nacional, la HM expresó su desconfianza en la investigación de los violentos incidentes de la semana pasada, porque, a su juicio, «el primero que debe ser investigado por esos hechos es el propio Mubarak».
Otra de las medidas anunciadas fue el aumento del 15 por ciento de los salarios de empleados públicos y jubilados. Todo indica que, a esta altura, nada que provenga de Mubarak será suficiente.
Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA

