Llegó en un momento inmejorable para Los Pumas. Tras el tercer puesto obtenido en Francia, Tati Phelan tenía dos misiones: cargar con el recambio y manejar la selección en la difícil empresa del Rugby Championship. Justamente, cuando se abrieron las doradas puertas del hemisferio Sur coincidió con sus momentos de mayores interrogantes. Pudo haber dado el salto de calidad consiguiendo algún triunfo pero una jugada, una lesión o un mal planteo se imponían en el camino y terminaba frustrando ese objetivo. Los fríos números indican que ganó menos de la mitad de lo que perdió (13 triunfos y 31 derrotas). Pero lo que más preocupa es la herencia, ya que cuesta encontrar una base de cara al futuro. Hacia diciembre habrá más bajas por retiros y el entrenador que venga tendrá que darles muchos minutos a los jóvenes para ponerlos a tono. Una despedida sin tanto ruido. Tal como fue su estadía al frente del equipo.
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