29 de julio 2015 - 00:00

No sólo para amantes de los gatos

No sólo para amantes de los gatos
Takashi Hiraide, "El gato que venía del cielo" (Bs.As., Alfaguara, 2015, 156 págs.)

El amor que sienten ciertas personas por los gatos ha hecho que esta breve novela, en realidad una especie de poema en prosa, se convierta en un best seller internacional, y tienda a volverse long seller. Una pareja de treintañeros, él escritor, ella editora y correctora de una editorial (el relato, narrado en primera persona, tiene el sello de lo autobiográfico), alquilan en el barrio histórico de Tokio la que en otro tiempo era la casita de los sirvientes. O del jardinero, porque un gran jardín con libélulas y flores de azafrán los separa de la mansión de los dueños. Ellos tienen un presupuesto modesto, son los años 80, se ha disparado la inflación y no tienen otra posibilidad que vivir muy humildemente. En la mansión vive una pareja mayor, un hijo y desde hace poco un gato. Y un buen día el gato que se llama Chibi (todo es simple en este relato) decide invitarse a la casa de la joven pareja, y poco a poco ellos se van encariñando con él, y él los va adoptando como sus dueños.

Los gatos son siempre los que eligen. Chibi no maúlla ni se deja agarrar, hace lo que quiere, pero parece saber muchas veces lo que quieren sus protectores. El gato es una mascota que con sus acercamientos y distancias impregna la vida de aquellos con los que convive. "El gato que venía del cielo" habla de la vida y de la muerte, de lo querido que instala un vacío al dejar de estar presente, pero también del vacío que puede haber en una pareja que se dedica a las palabras pero se relaciona con silencios. Muestra el respeto oriental a las tradiciones, la acérrima honestidad, los conflictos y melancolías que eso a veces supone. Muestra cómo una experiencia amorosa con una mascota necesita se revivida con otra, con una que se siente desde el principio que nos interpela (porque los dueños de mascotas dicen saber que, sin ser chamanes, pueden entrar en diálogo con ellas). Es una meditación sobre los cambios que se nos imponen, el fluir de la existencia, la irrupción de lo inesperado y la potencia del azar.

"El gato que venía del cielo" es un libro que conmoverá a los gatófilos, especie que tiene suma de adeptos entre escritores y artistas. William Burroughs hizo una fervorosa apología en su libro "Gato encerrado", donde cuenta la relación misteriosa, histórica y duradera entre felinos y seres humanos. Es que los gatos fueron seres divinos para los egipcios y demoníacos en los tiempos de caza de brujas. Los vieron como seres mágicos Cervantes, Charles Perrault, Lewis Carroll, Colette, Cortázar, Sepúlveda, Soriano, entre muchísimos otros. El Nobel T.S. Eliot les dedicó "El libro de los gatos habilidosos", que luego se convirtió en el exitoso musical "Cats". Y para no alejarnos de Japón, en 1905 el gran escritor Natsume Seseki, cuya imagen aparece en el billete de mil yenes, publicó "Soy un gato", una feroz e hilarante sátira sobre la sociedad de su tiempo, que remite a las enseñanzas dadas por Jonathan Swift en su "Gulliver", y a las de E.T.A. Hoffmann en su extraordinario "Opiniones del gato Murr".

Takashi Hiraide
es profesor de Ciencia del Arte y Poética en la Universidad de Tama, ha escrito ensayos, libros de poemas, uno de viajes donde rastrea los pasos de Kafka, Celan y Walter Benjamin en Berlín, y uno sobre béisbol. A los 60 años decidió publicar ésta, su primera novela. Una novela que pareciera querer trasladar a la prosa la poesía de los cuadros de Léonard Tsuguharu Fujita, un sublime gatófilo, una de sus obras sirve de tapa a este libro (un par más se pueden ver -si están en exhibición- en nuestro Museo Nacional de Bellas Artes), un gato que nos mira decidido a jugar no se sabe si con un carretel de hilo o con quien lo mira.

Máximo Soto

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