- ámbito
- Edición Impresa
Nostalgia criolla: Gobierno cuenta votos en sobremesa
Aníbal Fernández
Montado en esa urgencia, el bloque oficialista, cada vez más reducido, retomará un hábito de días mejores: los martes de asado y «liquidez» -como decía un ávido catador en esas tertulias- en la sede del PJ, que abandonó -sin jamás ocupar- Néstor Kirchner.
El quincho del edificio de la calle Matheu fue, durante los años de transversalidad K, el reflejo más cabal del vaciamiento partidario promovido por Kirchner. Allí habitaba, al pasar, Ramón Ruiz como interventor y cada tanto había alguna charla nostálgica.
Sólo había ritmo, a instancias de José María Díaz Bancalari, los martes por la noche para los «asados» del bloque. Con cierta nostalgia criolla, la costumbre se reactivará mañana para hacer un trabajo inquietante: testear el número de leales para las facultades delegadas.
Ese número, según los datos cruzados del Congreso y la Casa Rosada, hoy es impredecible. Se supone superior a 100, pero inferior a 110. En medio hay una ristra de incertidumbres y sobreentendidos que deben, según el criterio de Agustín Rossi, revisarse uno a uno.
Desde hoy, comenzarán frenéticas 72 horas para conocer ese número mágico y sondear la posibilidad de alianzas. También, una vez definido ese criterio, evaluar los márgenes de concesión o el rigor de la dureza en la defensa de la postura oficial.
En estas horas, por caso, pesa un gran interrogante sobre Graciela Camaño, que jugó «ordenada», tal como definió un compañero del bloque, en las reuniones previas, pero sobre la cual no se sabe bien cómo se comportará en la hora definitiva de una votación.
De hecho, Camaño propicia una alternativa que aparece, veladamente, como atajo para acercar posiciones con la UCR. Esa opción consiste en pedir la renovación de las facultades delegadas, pero excluyendo de ese paquete, expresamente, las retenciones.
Hasta último momento, la Casa Rosada se negará a esa propuesta.
Es más. En esta negociación, luego del traspié del campo, aparecerá por primera vez Aníbal Fernández como jefe de Gabinete a mediar entre los actores, a buscar aliados en el PJ disidente y a acercar -o intentar acercar- posiciones con la oposición.
Será una gestión paralela, aunque enlazada, con la que Rossi y su tropa K, donde aparecen Carlos «Cuto» Moreno y Edgardo Depetri como operadores activos. Aníbal F. será, además, el responsable de acordar con los radicales K, vía sus gobernadores.
Hasta antes de la elección esta tarea la hizo Florencio Randazzo, pero con la llegada de Aníbal F. a la Jefatura de Gabinete, el quilmeño quedará a cargo de esas gestiones. Un debut nada fácil y que puede, si fracasa, ser crítico para la Casa Rosada.
Además de tener que garantizar el acompañamiento de los radicales K, el Gobierno espera acercar a sectores del SI y a los diputados del bloque Encuentro que integran Vilma Ibarra, los socialistas K Basteiro y Rivas, y los provenientes de Libres del Sur.
Pero antes de hacer cálculos sobre los posibles aliados temporales, el PJ debe contar a la tropa propia. El llamador, con algo de nostalgia criolla, es un asado peronista. O, la menos, en la sede del partido que durante un año presidió Kirchner.

Dejá tu comentario