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Obama busca su reelección con laureles que nadie cuestionará
Barack Obama sigue desde la Sala de Situación de la Casa Blanca el operativo contra Osama bin Laden acompañado por el consejero de Seguridad Nacional, Tom Donilon. La imagen del presidente repuntará con fuerza en la opinión pública.
A lo largo de los últimos diez años, desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, que Bin Laden continuara libre se había convertido en una dolorosa herida para los servicios de inteligencia estadounidenses y un dolor de cabeza para el Gobierno en Washington.
George W. Bush se fue sin haber conseguido dar con el enemigo público número uno del país, pese a haber asegurado que lo quería «vivo o muerto».
Aunque cuando se les preguntaba acerca del terrorista, Obama y su administración insistían en que su captura seguía siendo una prioridad, a ojos del público parecía que la administración demócrata tenía la vista en otra parte a la hora de considerar su política de seguridad nacional.
Mientras un Bin Laden vivo y libre continuaba funcionando como gancho para jóvenes musulmanes de todo el mundo atraídos por sus ideas extremistas, en EE.UU. Obama veía cuestionada su estrategia de seguridad na-cional.
La oposición republicana lo criticaba por su promesa de cerrar la prisión de Guantánamo, creada para albergar a sospechosos de terrorismo, y lo acusaba de poner con ello en peligro al país.
El presidente que llegó con la promesa de poner fin a la guerra en Irak tuvo que reforzar la presencia en Afganistán, donde hoy hay cerca de 100.000 soldados estadounidenses, el triple que en 2008, y este marzo lanzó una nueva incursión militar, en Libia, a la cabeza de una coalición internacional.
Su popularidad mantenía una constante trayectoria descendente. En abril quedó en torno al 45%, muy lejos del 70% que tenía al llegar al poder.
Autoestima
Pero en estos dos años, el director de la CIA que había nombrado, Leon Panetta, había logrado que la agencia recuperara la autoestima perdida a raíz de las acusaciones de tortura en Irak o en la lucha contra el terrorismo.
Las medidas para lograr una mayor armonización y cooperación entre las distintas agencias de inteligencia -un proceso comenzado ya por Bush- comenzaban a dar frutos.
El general Stanley McChrystal, al frente del Mando de Operaciones Especiales Conjuntas -antes de pasar al mando de las tropas en Afganistán, para ser cesado por falta de respeto a las autoridades civiles hace un año-, también desempeñó un papel importante para integrar a los servicios secretos militares dentro de la llamada «comunidad de inteligencia».
Los esfuerzos comenzaron a dar sus frutos en noviembre, cuando los servicios secretos tuvieron los primeros indicios de que Bin Laden podría encontrarse en un complejo residencial en las cercanías de Islamabad.
El viernes Obama dio la orden de lanzar la operación. Y Bin Laden fue capturado, muerto, el domingo, en una acción descrita como de «precisión quirúrgica» por altos funcionarios estadounidenses.
Frente a una audiencia que incluía a Panetta -propuesto como nuevo secretario de Defensa y cuya confirmación en el Senado ya puede darse por segura-, el director de Inteligencia, James Clapper, y otros altos funcionarios, Obama anunció la muerte del terrorista, «el logro más significativo hasta el momento en nuestros esfuerzos por derrotar a Al Qaeda».
Obama advirtió que se multiplica ahora el riesgo de atentados terroristas como represalia, a pesar de que altos funcionarios del Gobierno predicen que Al Qaeda, privada de su líder más carismático, comienza «el camino hacia el declive».
Y centenares de personas se congregaban ante la Casa Blanca para manifestar, con cánticos patrióticos, su alegría por la eliminación de Bin Laden.
Quedan 18 meses para las elecciones estadounidenses. Aún pueden pasar muchas cosas. En particular, la economía sigue sin dar visos de una recuperación lo suficientemente enérgica, el gran problema para Obama durante todo su mandato. Pero Obama irrumpe ahora en la campaña con una ventaja que no tendrá nunca nadie más: haber sido el presidente que consiguió la muerte de Osama bin Laden.
Agencia EFE


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