El presidente cerró así ocho años de desencuentros con el Gobierno de Benjamin Netanyahu.
distendido. Barack Obama toma un helado junto a su hija Sasha en Hawáii, donde la familia presidencial decidió pasar el receso navideño.
Nueva York - Sólo le queda alrededor de un mes en la Casa Blanca, pero el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, no quiere abandonar el escenario político mundial de forma silenciosa. Con una afrenta a Israel, el demócrata se despidió de la crisis de Medio Oriente y, por ende, puso algunas piedras en el camino de su sucesor Donald Trump. Israel está indignado y se siente traicionado por su tradicional aliado, Estados Unidos.
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¿Qué pasó? Estados Unidos desistió el viernes en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de usar el veto para bloquear una resolución contra la construcción y expansión de asentamientos judíos en Cisjordania. El máximo órgano decisorio de la ONU adoptó la posición oficial de condenar la ampliación de los asentamientos en Cisjordania y en Jerusalén Este, y exigió la paralización de todas las actividades de construcción en esas colonias. Para Israel, la resolución no es vinculante pero sí un desastre en términos diplomáticos (ver página 15).
Ya durante los días previos a la votación, la resolución del Consejo de Seguridad había desatado duras críticas. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y su embajador ante la ONU, Danny Danon, calificaron el borrador como una "resolución anti-Israel". El senador Chuck Schumer, "número tres" del Partido Demócrata en Nueva York, exigió con insistencia un veto. También el futuro presidente estadounidense, Donald Trump, salió en defensa de Israel. "Esto orilla a Israel a una posición negociadora muy mala y es extremadamente injusto para con todos los israelíes", afirmó Trump.
De acuerdo con el diario The New York Times, Trump instó personalmente, después de sostener conversaciones con Netanyahu, al presidente de Egipto, Abdul Fatah al Sisi, a que este país retirara la resolución. Esto efectivamente ocurrió el jueves, pero al día siguiente otros cuatro países miembros del Consejo de Seguridad -Venezuela, Nueva Zelanda, Senegal y Malasia- volvieron a presentar el proyecto para ser sometido a votación.
Con la aprobación de la resolución, Obama logró de golpe dos jugadas: por un lado creó hechos diplomáticos consumados que colocan a Trump ante un panorama difícil, y por el otro, envió una última señal de desafección a Netanyahu, un estadista con quien Obama nunca logró encontrar una buena cooperación. Israel, lógicamente, se sintió ofendido: "Es lamentable que ocho años de amistad y cooperación con Obama acaben en un acorde vengativo y estridente", dijo el ministro de Energía, Juval Steinitz.
La jefa del grupo parlamentario demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, admitió que la resolución no favorece el objetivo de lograr una solución basada en la coexistencia entre un Estado israelí y otro palestino. Sin embargo, al mismo tiempo defendió a Obama al recordar que durante su presidencia Estados Unidos fraguó el mayor programa de ayuda militar a Israel en la historia de Estados Unidos. También fue impecable la cooperación bilateral en cuestiones de seguridad, recalcó Pelosi.
Ahora, Israel deposita sus esperanzas en Trump. Con la designación de David Friedman como nuevo embajador en Israel, el futuro presidente ha elegido a un político que defiende explícitamente la expansión de los asentamientos en Cisjordania. Además, Trump quiere trasladar la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén, lo que los palestinos y muchos países árabes consideran una afrenta.
Sin embargo, Trump se abstuvo el viernes de hacer un análisis detallado de la decisión del Consejo de Seguridad: "Respecto de la ONU, las cosas serán diferentes después del 20 de enero", se limitó a comentar en Twitter.
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