21 de enero 2011 - 00:00

Obama salió fortalecido de la riesgosa visita de Hu Jintao

Barack Obama y Hu Jintao, durante la cena de gala ofrecida en la Casa Blanca. Estados Unidos recibió al presidente chino con toda la pompa.
Barack Obama y Hu Jintao, durante la cena de gala ofrecida en la Casa Blanca. Estados Unidos recibió al presidente chino con toda la pompa.
Washington - Las visitas de Estado no suelen traer resultados espectaculares. Sin embargo, el presidente estadounidense, Barack Obama, puede estar contento con el desarrollo del viaje del jefe de Estado chino, Hu Jintao.

Es que Obama logró posicionarse con claridad frente a sus críticos conservadores, que consideran que Hu debería estar más cerca de la Corte Internacional de Justicia de La Haya que de la sala de banquetes de la Casa Blanca. Para sorpresa de muchos, Obama habló abiertamente sobre la situación de los derechos humanos en China y Hu reaccionó con un inusual reconocimiento de que en su país «aún falta mucho por hacer» en la materia.

De todas formas, el experto en China Kenneth Lieberthal advierte que las «palabras son más fáciles que los hechos». Aunque Obama también puede mostrar resultados concretos: setenta acuerdos, exportaciones adicionales por 45.000 millones de dólares y 235.000 empleos que van a ser protegidos. Sin duda, un bálsamo para un mercado laboral que sigue sufriendo las consecuencias de la crisis.

Para la Casa Blanca no hay dudas: las ceremonias y honores con que fue recibido Hu en Washington valieron la pena. De todas formas, la visita también fue una empresa de riesgo para el mandatario. Por una parte, exigía el reconocimiento realista de que el ascenso de China como segunda potencia económica con un enorme aparato militar requiere un nuevo entendimiento con ese país. Por el otro, la llegada de Hu implica recibir al carcelero del defensor de los derechos humanos y Premio Nobel de la Paz, Liu Xiaobo.

Críticas

Lo delicado de separar ambos asuntos se vio durante la propia visita. Mientras Hu era agasajado con un almuerzo en el Departamento de Estado, críticos conservadores no ocultaron su irritación en una audiencia en el Congreso (ver aparte). Criticaron a Hu por aplicar «mano de hierro en Tíbet» y calificaron al Gobierno de Pekín de «monstruoso».

Pero Obama logró maniobrar a través de este campo minado. Varios medios estadounidenses lo elogiaron ayer por su «notable apertura» para plantear el tema de los derechos humanos. The Washington Post habló de un «significativo» cambio de rumbo en comparación con anteriores declaraciones del presidente en las que las preocupaciones norteamericanas habrían sido minimizadas.

Ventas

El mandatario estadounidense tampoco ocultó sus otras prioridades, sobre todo la economía. «Queremos venderles todas las cosas que podamos», le dijo con desenvoltura a su visitante. «Creo absolutamente que el ascenso pacífico de China es bueno para el mundo y para Estados Unidos», agregó.

De acuerdo con una encuesta de The Wall Street

Journal y de la emisora NBC, el 38% de los estadounidenses cree que en veinte años China será la máxima potencia mundial, mientras que sólo el 35% estima que su propio país mantendrá ese lugar.

Los acuerdos millonarios alcanzados por Boeing y otras empresas con los chinos no pudieron ser más oportunos. De hecho, la importancia de los asuntos económicos se puede observar en la forma en que se distribuyó el tiempo de las conversaciones bilaterales: alrededor de la mitad giró en torno a la economía, mientras que el resto del tiempo fue ocupado en dialogar sobre derechos humanos, Irán, Corea del Norte y otros temas, según informó The Wall Street Journal.

Es que a Estados Unidos no sólo le preocupa que el gigante asiático sea su mayor acreedor al tener bonos de su país por 900.000 millones de dólares, sino también el peligro de que el crecimiento chino pueda afectar la generación de empleo local.

Lo que no parece haberse movido mucho es la discusión sobre el valor del yuan. Colaboradores de Obama remarcaron que el presidente instó a Hu a avanzar más rápidamente en el asunto. Pero en este punto el jefe de Estado chino fue quien se adelantó al marcar un claro límite a las ambiciones estadounidenses antes de su visita.

Agencia DPA

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