Tras el cierre del acuerdo nuclear en julio, alemanes, franceses e italianos desplegaron delegaciones políticas y comerciales para intentar reconquistar el terreno perdido frente a países emergentes (China y Turquía) y Rusia. Japón mantuvo relaciones cordiales con este país de 80 millones de habitantes incluso durante los años de mayor tensión.
La federación del comercio exterior alemana BGA estima, por ejemplo, que su país verá complicado convertirse de nuevo en el mayor socio de Irán, como ocurría antes de las sanciones, ya que China aprovechó para llenar el vacío.
Empresas estadounidenses como Boeing y General Electric, entre otras, también se lanzaron pero se ven perjudicadas por el hecho de que Washington mantiene las sanciones a cualquier empresa sospechosa de financiar el terrorismo.
Por su parte, Irán necesita inversiones extranjeras para modernizar su infraestructura y reducir el peso del Estado en una economía asfixiada por las sanciones, la recesión, la caída del precio del crudo, el desempleo y la inflación.
El presidente iraní, Hasán Rohaní, tiene previsto a finales de enero una gira por Italia y Francia que podría ser fructífera para Airbus.
Rusia, socio histórico de Teherán, ya tiene bastante camino recorrido en estos sectores estratégicos en Irán, donde obtuvo la construcción de dos nuevos reactores nucleares en Bushehr y la venta por el holding público Rostec de misiles S-300.
Moscú y Teherán quieren elevar su intercambio comercial a 10.000 millones de dólares anuales, contra 1.600 millones actualmente. Rusia, cuyo presidente, Vladímir Putin, visitó Teherán en noviembre, está dispuesta a desbloquear créditos por 5.000 millones de dólares a su vecino y aliado.
En el sector de la energía, Gazprom y la segunda petrolera rusa Lukoil quieren explotar, almacenar y transportar inmensas reservas petroleras de Irán, aunque Teherán, con sus reservas, es un rival de Moscú en un mercado petrolero debilitado.
En total, Teherán puso en marcha nuevos modelos de contrato para atraer 25.000 millones de dólares en inversiones en gas y petróleo.
Empresas como Total o ENI compiten también por participar en "joint-ventures", en las que el socio iraní deberá conservar como mínimo un 51%.
Asimismo, la compañía pública rusa de ferrocarriles RZD está dispuesta a electrificar el ferrocarril iraní por varios cientos de millones de dólares. Y la alemana Siemens acaba de anunciar un protocolo de acuerdo con Teherán "sobre la mejora de las infraestructuras ferroviarias".
En aviación civil, como en todo el mundo, Irán contará con la competencia entre el europeo Airbus y el estadounidense Boeing. "Tuvimos contactos, sí. Irán representa potencialmente un gran mercado para Airbus y sus competidores", declaró recientemente el presidente ejecutivo del conglomerado franco-alemán, Fabrice Brégier, al Financial Times.
En el sector del automóvil, las empresas francesas están en buena posición. Renault negocia una participación minoritaria en el capital de la empresa pública Pars Khodro, que en los años 60 y 70 era una aliada de la estadounidense General Motors.
"Irán es un mercado muy prometedor. Representa más de un millón de vehículos, con un potencial de entre 1,5 y dos millones", reconoció el presidente ejecutivo de Renault, Carlos Goshn, durante el Salón del automóvil de Detroit.
La también francesa Peugeot-Citröen podría renovar su alianza histórica con Khodro, aunque sus competidoras alemanas (BMW, Daimler y Volkswagen) anticipan buenos negocios y la japonesa Toyota dice "observar la situación".
| Agencia AFP |


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