Tal como adelantó este diario el viernes, la Unión Industrial Argentina (UIA) le envió una carta al titular del órgano recaudador, Ricardo Echegaray, demandando una prórroga para la vigencia de su resolución, dado el tiempo transcurrido y a la luz de las explicaciones que le dio el jueves la directora de Aduanas, Siomara Ayerrán.
En diálogo con este diario, José Ignacio de Mendiguren, presidente de la UIA, confirmó que -al menos hasta ayer- nadie del Gobierno había vuelto a contactarse con la central fabril. «Sabemos que la reunión del jueves con el Consejo Consultivo Aduanero fue muy buena y se aclararon muchas dudas», agregó.
El centro del conflicto parece entonces haberse desplazado a un inesperado enfrentamiento con los industriales brasileños, que a través de Paulo Skaf, presidente de la poderosa FIESP (Federaçao da Industria do Estado de Sao Paulo), abrieron un frente de combate al pedir una reunión con la presidente Cristina de Kirchner.
Pese a que las chances de que Skaf sea recibido por la mandataria son nulas, la movida de este empresario cayó pésimo en la dirigencia industrial argentina. De hecho, el propio Mendiguren salió a cruzarlo por radio este fin de semana.
Demora
Muchos se preguntaban por estos días qué había sido del tan meneado Consejo Empresario Argentino-Brasileño, cuyo nacimiento habían anunciado Cristina y su par Dilma Rousseff en su primer encuentro como presidentes en Brasilia. La demora para su constitución fue brasileña: la mandataria de Brasil no designó a sus integrantes hasta la semana pasada, cuando las cosas se pusieron más calientes en el comercio bilateral.
Ahora Mendiguren y su par de la CNI, Robson Andrade, hablaron por teléfono el viernes y se pusieron de acuerdo en encontrarse en Buenos Aires la primera semana de febrero, sin agenda.
Esto debería desairar aún más a Skaf, cuya propuesta de «agenda positiva» para zanjar diferencias (con la que supuestamente vería a Cristina) fue duramente cuestionada en el seno de la UIA y no resultó creíble para el Gobierno.
Skaf propone usar la capacidad ociosa de la industria naviera argentina, porque ese sector está trabajando al 100% de sus posibilidades. A cambio pide abrir la frontera a los bienes producidos en su país.
Desconfianza es el más suave de los sustantivos que provocó en los empresarios argentinos: «¿Cuándo se entregarán los barcos que supuestamente se harán en la Argentina? En el ínterin, volveremos a tener un fuerte déficit comercial con Brasil. Ellos siempre se quejaron cuando la balanza nos fue favorable, pero cuando eso sucedía era por compras de hidrocarburos o trigo, o sea lo que les faltaba y que podrían importar de cualquier otra parte del mundo. Ellos, en cambio, nos exportan sustitutivos de la producción nacional», se enfurece Mendiguren.
Lo cierto es que Brasil acumula 78 meses consecutivos de superávit comercial en su comercio bilateral con la Argentina. En el sector industrial argentino todavía recuerdan los «trucos» que instrumentaba ese país en esa época:
Esos abusos dejaron una huella en los exportadores industriales argentinos, que -pese al peligro que representa una posible falta de insumos provenientes de Brasil- le pedirán al Gobierno un poco más de inflexibilidad para con las demandas del socio del Mercosur.


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