“Mi papá primero rompió la cuarta pared de la televisión y después de fallecido volvió a quebrar otra que separaba el humor popular de la intelectualidad”, asegura Mariano Olmedo, uno de los hijos del cómico, quien estrena mañana un documental ficcionado. Se conmemoraron ayer 31 años de la trágica muerte de Alberto Olmedo, cuando cayó del balcón de un edificio frente a la playa Varese en Mar del Plata.
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Olmedo: "El tiempo reivindicó a mi padre"
Mariano, responsable del film y uno de los hijos del capocómico, consideró que la crítica siempre tildó a su padre de hacer humor chabacano y que recién después de muerto lo situó como figura de culto. En el film, hay testimonios de Moria Casán, Palito Ortega y Guillermo Francella, entre otros.
“Olmedo: el rey de la risa” incluye recreaciones de su infancia en la década del 40 y su Rosario natal, cuando “El Negro”, con sus amigos, dio sus primeros pasos gracias a su entrenamiento como acróbata, la danza española y su impar sentido del humor.
El capocómico tuvo una exitosa carrera de tres décadas en radio, teatro, cine y televisión, donde logró hasta 45 puntos de rating con personajes inolvidables. Sus películas recaudaban muy bien y las temporadas veraniegas marplatenses congregaban más de cien mil espectadores en la época dorada del teatro.
En el film es recordado por familiares y colegas, entre ellos, sus hermanos, Palito Ortega, Moria Casán, Dady Brieva, Guillermo Francella y hasta Diego Capusotto.
Periodista: ¿Alberto Olmedo no parecía un tema fácil ni para su hijo?
Mariano Olmedo: Encarar este proyecto no era difícil por tratarse de Alberto Olmedo. Más allá de que fue mi padre, estaba seguro de lo que quería hacer y lo fui resolviendo. No fue una carga y la idea estaba hace mucho tiempo. Tanta gente le venía haciendo homenajes que decidí hacerle uno personal.
P.: ¿Qué era aquello que no podía faltar en su película?
M.O.: Sabía que debía, sí o sí, apuntar a su infancia y adolescencia y no referirme a su muerte. No había que sobrecargarlo. Me parece que hubiese sido un golpe bajo y la verdad es que no tenía ganas de revivir aquel momento.
P.: Fue un actor amado por el público masivo, pero maltratado por la crítica...
M.O.: Es curioso que en los tiempos en que su humor le encantaba a una gran parte de la sociedad había muchos otros que lo tildaban de chabacano. Sin embargo, el tiempo lo fue reivindicando y hasta se convirtió en tema de análisis de sociólogos. Alguna que otra universidad lo tiene como eje de estudio. Paulatinamente la sociedad lo empezó a querer de otra manera.
P.: Entre sus clásicos están los sketchs del dictador de Costa Pobre y el Yéneral González, que en su película recuerda Diego Capusotto.
M.O.: El sketch de Costa Pobre era, claramente, una forma de reírnos de nosotros mismos. Era un hombre común con una banda presidencial que, en realidad era una cinta de corona fúnebre, al frente de una isla que no tenía balas para atacar. Un disparate, igual que el Yéneral González.
P.: ¿Del Capitán Piluso quedó menos?
M.O.: Con respecto a ese material, es una lástima porque la mayoría se perdió. Recuerdo que invitaba a los chicos a tomar la leche y a ver Merrie Melodies, los dibujos animados de las cinco de la tarde. Hubiese sido muy lindo poder rescatar más de aquellos momentos.
P.: ¿Prefirió las entrevistas a más videos con sus programas?
M.O.: La película es mi propio punto de vista acerca de mi padre y creo que pude hacerlo sin tener que recurrir a lo fácil.
P.: ¿En ese sentido, le quedaron cosas por incluir?
M.O.: Hay algunas cosas que me hubiese gustado recuperar, por ejemplo algo con su amigo Tato Bores, algunas otras cuestiones podrían haber sido más extensas, pero no quería que sea demasiado largo, busqué que fuera entretenido.


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