13 de enero 2010 - 00:00

Oposición acepta falso dilema K. “Too much”

Enrique Szewach
Enrique Szewach
En mi nota del 7 de enero pasado (ver Ámbito Financiero, pág. 6), sugería que si, finalmente, el Fondo del Bicentenario no se aprobaba, el Gobierno utilizaría la liquidez excedente del sistema financiero, obligando a desarmar las posiciones de Lebac y colocando, a cambio, deuda del Tesoro.

Textualmente se decía:

«En este contexto, si finalmente el DNU no se aprueba, o este o el nuevo directorio del Central no quiere ir preso, la alternativa no es el default. La alternativa será el uso de la liquidez excedente en el sistema bancario. Con más inflación -emitiendo para cancelar Lebac- y con deterioro creciente de la calidad de los activos del sistema financiero que respaldan los depósitos.

¿Cuánto hay disponible en el sistema financiero, sin generar una explosión de la tasa de interés y una expulsión del sector privado del crédito? Probablemente, un número similar al del Fondo del Bicentenario: u$s 7.000-u$s 8.000 millones».

Lo mío no era una «propuesta», sino una proyección de lo que, al igual que varios colegas, nos imaginábamos para 2010, que el Gobierno iba a usar todas las cajas a su disposición para seguir gastando al ritmo actual y sin entrar en default. Entre ellas, desarmar posiciones de liquidez en Lebac de los bancos, las utilidades del Banco Central, todo lo que pueda obtener de la banca oficial, liquidar activos de la ANSES, etcétera.

Me asombró, sin embargo, que mi querido amigo Mario Brodersohn convirtiera en «propuesta y solución» una variante de esta alternativa. Simplemente, porque ello implica aceptar, desde la oposición, el falso dilema que plantea el propio Gobierno: «reservas o default».

Brodersohn sugiere que, en lugar de usar directamente el Fondo del Bicentenario, que no sólo es ilegal, sino que corre el riesgo de ser embargado por los acreedores externos, el Banco Central compre directamente con pesos Letras del Tesoro, y luego reabsorba esos pesos, vendiéndole los dólares al Gobierno, para que pague sus compromisos de deuda.

En el activo del Banco Central, entonces, habrá, por lo que le venda el Central al Gobierno para financiar sus necesidades, Letras del Tesoro, en lugar de dólares. Otra vez, esto es violar la Carta Orgánica, que establece dos cuestiones claves: límites al financiamiento del Tesoro por parte del Banco Central. Y que el Central no puede respaldar sus pasivos con activos de baja solvencia y liquidez, como lo sería deuda de un Gobierno con déficit fiscal y sin capacidad de endeudamiento voluntario a tasas razonables. De todas maneras, ésta sería una «violación transitoria», porque luego, el Banco Central colocaría en la Banca Comercial las Letes contra pesos, en lugar de Lebac, volviendo a la situación original.

En esta propuesta, las reservas se transfieren al Gobierno contra deuda con el sistema bancario, en lugar de deuda con el Banco Central. Lo único que evita la «solución radical» es el eventual embargo de dichas reservas, por eludir la creación explícita del Fondo del Bicentenario y evitar recurrir a la categoría, inexistente, de «reservas excedentes».

Pero el problema central, como sostenía en la mencionada nota, no es el legal. El problema clave es el desborde del gasto público que va a generar necesidades de financiamiento de entre el equivalente de u$s 12.000 a u$s 20.000 millones, dependiendo de los supuestos que se hagan respecto de la evolución de ingresos y egresos, en Nación y en provincias.

En ese contexto, plantear, desde la oposición, que con un gasto que ha crecido más de 10 puntos del PBI en estos años. A una «velocidad de crucero actual» que duplica o triplica el crecimiento de los ingresos. Ingresos que, a su vez, surgen de una presión tributaria récord y regresiva. Con subsidios irracionales de todo tipo. Con sobreprecios escandalosos en obra pública y demás yerbas, etc., la única alternativa al default es usar las reservas del Central, colocando deuda en el sistema bancario, y recurriendo a mayor inflación y expropiaciones directas o indirectas es, como diría nuestra querida Presidente, «too much».

Dejá tu comentario