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Oposición teme que se radicalicen militares
Fue su adversario electoral, Henrique Capriles, quien el sábado contestó a versiones publicadas por el ultraconservador español ABC, según las que grupos armados chavistas impedirían la entrega del poder en caso de que Chávez fuese derrotado.
«Tenemos una Fuerza Armada comprometida con la Constitución, con la defensa de nuestra democracia y con el respeto a la voluntad de nuestro pueblo», dijo el candidato por la Mesa de Unidad, para añadir que «si el Gobierno se atreve a una aventura o a darle un palo a la mesa, se encontrará con nuestro pueblo en la calle para exigir el respeto a la voluntad».
Ante esta balacera de rumores y amenazas de movilizaciones del pueblo venezolano, ¿cuál es la posición de las FF.AA.? ¿Cuál puede ser su reacción? Sobre todo cuando los 139.000 efectivos de las Fuerzas Armadas estarán presentes en las calles el día 7 de octubre con el Plan República, para garantizar el orden en los centros de votación y el proceso de sufragio.
El jefe del comando estratégico operacional de la Fuerza Armada, Wilmer Barrientos, dijo que el propósito es «dar la seguridad para que no se vayan a presentar situaciones incómodas» el día de la elección. Pero Rocío San Miguel, una experta en temas militares (su nombre ha sonado como posible ministra de Defensa de la oposición) y titular de la ONG Control Ciudadano, no está tan segura de la imparcialidad política de, al menos, los altos mandos de las FF.AA.
«Existen miembros del alto mando militar, con poder de fuego o de competencia del orden público, que han manifestado su adhesión política a Chávez», dice San Miguel ante la consulta de Ambito Financiero.
Según la experta, el actual ministro de la Defensa, Henry Rangel Silva, el comandante general del Ejército, Carlos Alcalá Cordones, el comandante de la Región Estratégica de Guayana, Cliver Alcalá Cordones (hermano de Carlos), el comandante del Regional Nro 5 de la Guardia Nacional, Antonio Benavídez, y el comandante general de la Aviación, Gregorio Pérez Escalona, se declararon fervientes defensores de la Revolución Bolivariana, «apartándose del respeto a la ley», que impide pronunciamientos de tipo político entre los uniformados.
San Miguel agrega, sin embargo, otro temor: «Tenemos información en Control Ciudadano acerca de que Wilmer Barrientos, a cargo del Plan República para el día de la elección, si bien públicamente ha declarado que se respetará la Constitución, al mismo tiempo y a puertas cerradas está aleccionando al personal profesional en distintos cuarteles del país sobre los logros de la revolución y sobre cómo las FF.AA debieran actuar para «el caso negado» de que perdiese Chávez».
La especialista no descarta que en caso de empate o de una ajustada diferencia en los votos para uno y otro candidato, las FF.AA. «tengan que confrontar la muy alta posibilidad de graves alternaciones al orden público, que es el escenario al que más le temen los militares».
San Miguel aclara que las FF.AA. no tienen atribuciones constitucionales para la defensa de la Constitución: «Cualquier controversia que se generase alrededor del resultado electoral, tendría que dirimirse en un contencioso electoral ante el Tribunal Supremo de Justicia», explica. «Está claro que Venezuela no aguantaría las demoras y proceso de un Contencioso Electoral: los ánimos están ya caldeados», dice.
¿Podría repetirse un escenario como el de la madrugada del 2 al 3 de diciembre de 2007, cuando el Alto Mando militar convenció a Chávez de que debía «sincerar» y difundir el resultado de la votación, el que, aparentemente se venía demorando? «No veo a un alto mando militar actual, ni menos al ministro Rangel Silva, exigiéndole nada al Presidente, como se dijo habría sucedido en 2007», sentencia San Miguel.
Sin embargo, «la oficialidad fue formada en democracia, y cerca del 70% de ella tiene un ADN democrático, dispuesto a respetar el resultado electoral», agrega la especialista.
Y, para disipar aquellas versiones sobre un posible choque post elecciones entre militares y milicias, Rocío San Miguel descarta de plano el escenario más negro, el de las FF.AA. enfrentadas entre sí. «Desde 1958 que las FF.AA. no se han partido en Venezuela; no están dadas las condiciones para una guerra civil». «Aun si Chávez las convocase desde Miraflores, no se dividirían», dice. No obstante, vuelve a poner sobre la mesa un imponderable: la incomensurable cantidad de armas no legalizadas en poder de la población civil.


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