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Orden de Cristina: Paraguay es la única prioridad en el Gobierno
Hoy sesiones en las dos cámaras para repudiar el golpe. La Argentina organiza reunión de urgencia en Lima
Julián Domínguez, Amado Boudou, Rafael Romá
La Argentina avanzó en punta en casi todas las definiciones que se tomaron en América del Sur desde que el Senado paraguayo llevó adelante ese juicio político exprés: el retiro del embajador Rafael Romá de Asunción, la comunicación urgente del Mercosur para que se excluya a Paraguay de la cumbre que celebran el jueves los presidentes en Mendoza (que capitaneó la Cancillería) y ahora las sesiones en el Congreso. Otra acción se organizaba anoche en medio de la visita del premier chino Wen Jiabao: una cumbre de urgencia de la Unasur en Perú antes de la reunión mendocina. Y todo se hace con la máxima preocupación que impone una desestabilización democrática de este tipo.
Esta semana venía con otra agenda para el Gobierno: procesar el paro con marcha de Camioneros a Plaza de Mayo con el que Hugo Moyano se juega su futuro ante la CGT con un congreso en julio que será impugnado por el Gobierno, la oposición sindical al camionero que aparece desgajada y la guerra por el mínimo no imponible en Ganancias, en la que tiene aliados en casi todos los partidos, menos el oficialismo.
En el medio apareció la crisis de Paraguay, que copó inmediatamente, como no podía ser de otra forma, toda la atención presidencial. Así, cuando Moyano entre el miércoles a la Plaza, con muchos o pocos seguidores, la Presidente estará ocupada en otros temas, mucho más «elevados» que una puja por inflación y una presión tributaria como nunca se vio hasta ahora sobre los salarios.
La variante de destitución que sufrió Lugo no tiene antecedente similar en la Argentina, aunque sí paralelismos inquietantes. Por eso resulta lógico el pánico que produjo en el país y en toda la zona esa remoción presidencial producto de la pérdida de poder absoluto en el Parlamento, una pesadilla política que puede sucederle a cualquiera.
Ante el caso, entonces, solidaridad absoluta con el Gobierno derrocado, retiro masivo de embajadores de toda Latinoamérica y recepción con honores a Lugo en la Cumbre del Mercosur de esta semana. No puede hablarse de sobreactuación en temas de semejante gravedad institucional, pero claramente el Gobierno quiso ser el primero en esto.
En la Argentina hay quienes pueden dar cátedra de este tipo de golpes parlamentarios a nivel nacional y local. Aníbal Ibarra, por ejemplo, llegó a la instancia última, con juicio y destitución votada por una Legislatura que sesionó en medio de un caos para asignar al exjefe porteño la responsabilidad por la falta de controles que derivó en las muertes de Cromañón.
Pero hubo otros similares aunque sin proceso completo: Arturo Frondizi debió soportar infinidad de planteos militares antes de ser derrocado, pero todo sucedió en medio de un vacío de poder brutal en el Congreso.
La salida de Fernando de la Rúa será recordada por la batalla campal de militantes de izquierda, con muertos en la Plaza de Mayo y la salida inminente de una convertibilidad que estaba agonizando desde antes que asumiera la presidencia. Pero no puede olvidarse que el empuje final para su salida lo dio la pérdida de cualquier apoyo en el Congreso tras perder las legislativas de 2001. En ese proceso hasta los jefes de bloque del radicalismo terminaron viajando hasta la Casa Rosada para pedirle que renunciara.
Hoy habrá sesión especial para tratar la situación política en Paraguay. Amado Boudou y Julián Domínguez convocaron los recintos para las 19. A esa hora recibirán también a Sixto Pereira, senador paraguayo que se opuso al juicio político y la destitución de Lugo, que por la mañana aterrizará en Buenos Aires.

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