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Orozco-Rivera-Siqueiros, la revolución y mucho más
El intenso trasfondo político de las obras de Orozco (izq.) y Siqueiros (centro) contrasta con las pinturas cubistas de la etapa europea de Rivera (der.), que integra la muestra de la colección del Museo Carrillo Gil mexicano.
A la serie de pinturas cubistas de Diego Rivera le sigue el descarnado relato de la revolución mexicana a través de las dramáticas pinturas y dibujos de Orozco y, finalmente, la muestra concluye con las poderosas pinturas de Siqueiros. El curador del Museo Carrillo Gil, Carlos Palacios, presentó las obras y, entre ellas, algunos estudios para los grandes murales, pero aclaró que el más bello mural de Siqueiros se encuentra en la Argentina.
El título de la muestra, "La exposición pendiente", es una abierta referencia al pasado. Estas mismas pinturas, dibujos y grabados, llegaron hace 43 años durante el Gobierno de Salvador Allende, al Museo de Bellas Artes de Chile. Las obras se colgaron pero la presentación se suspendió debido al golpe militar de Augusto Pinochet. A los pocos días la muestra fue despachada nuevamente a México y, recién ahora, el Carrillo Gil volvió a embalar los cuadros y envió la exhibición. La muestra de 1973 era más extensa, pero tenía -como la actual- un intenso trasfondo político. El curador señaló que fue el "deseo expreso" de Luis Echeverría, presidente de México elegido en 1970, "llevar a la Unión Soviética, Checoslovaquia y Chile el acervo de Alvar y Carmen Tejero de Carrillo Gil". Agregó que "en retribución a la generosidad de los coleccionistas, fue él quien adquirirá esta colección, fundando así el Museo de Arte Alvar y Carmen T. de Carrillo Gil".
Si bien el temor de exhibir las obras de los muralistas durante la dictadura de Pinochet obedeció al carácter político de la muestra, la serie de Rivera es la excepción: las pinturas de gran formato pertenecen todas al período cubista. Los coleccionistas tomaron la decisión de reunir obras tempranas del artista y dejar de lado las realizadas a partir de 1921. Poco antes de la Revolución mexicana Rivera viajó a París y participó de las búsquedas y polémicas vanguardistas. Allí se casó, allí murió su hijo y pintó estas estupendas obras, mientras admiraba el arte de Gauguin y analizaba el encuentro de la pintura y la arquitectura con Ferdinand Léger.
"Pero ¿cómo justificar la pintura abiertamente europea y vanguardista de Diego Rivera, alejada de manera precisa de estos relatos de revoluciones agrarias y tensiones coloniales?", se pregunta el curador Carlos Palacios. Rivera persigue su propio camino, un realismo ligado al clasicismo, cuando José Vasconcelos, secretario de Educación, lo invita a regresar a México. La propuesta cierra la etapa cubista.
"Orozco fue el único muralista que participó de la Revolución", observa el curador, y añade que los coleccionistas Carrillo Gil compraron todas las etapas de su obra, desde la Revolución de 1910 hasta la década del 40. El arte de Orozco tiene la grandeza de su honestidad. El artista se aleja de la retórica y del carácter heroico de la gesta patriótica, en sus dibujos de colores apagados refleja más bien el dolor que acarrea la guerra. La sufriente iconografía de Orozco suele compararse con la de Goya, pero el mexicano posee la expresividad esquemática y abocetada del expresionismo alemán, motivado acaso por la urgencia de plasmar sus ideas.
Las pinturas de Siqueiros con sus extremados escorzos y puntos de fuga, transmiten una potente energía. La "Primera nota temática para el Mural de Chapultepec", el boceto para el mural "Del Porfiriato a la Revolución", realizado entre 1957 y 1966, representa la célebre huelga de 1906 en la mina de cobre de la empresa estadounidense Cananea Consolidated Copper Company. Revuelta que anuncia la Revolución mexicana. El imponente mural del Bosque de Chapultepec, el gran parque del DF, combina la ideología revolucionaria de un arte nacional y los avances tecnológicos que el artista había experimentado en EE.UU. y la Argentina. A pesar de la franca decadencia de todas las obras de Chapultepec, la pintura de Siqueiros se conserva en buen estado, sin duda por los materiales empleados. En la Argentina, el mural resistió todo tipo de agresiones, resultó indestructible. La imagen preparatoria rinde un homenaje a los muertos en la lucha. Las figuras estáticas se multiplican en el espacio, efecto que se potencia por la cantidad de cuerpos pintados en serie que propician la trayectoria de la mirada.
"La conexión sur", el segundo núcleo curado por la historiadora del arte Cristina Rossi, presenta a los artistas argentinos que trabajaron con Siqueiros en el mural "Ejercicio plástico" realizado en una quinta bonaerense: Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo y Juan Carlos Castagnino. En este capítulo de la muestra figuran las estupendas imágenes del mural tomadas por Anne Marie Heinrich y también, además de numerosas publicaciones y documentos, el boceto del mural encontrado por el periodista Chiche Gelblung en manos de su abuelo, un genuino militante comunista. Hay una foto en blanco y negro del mural que Siqueiros pintó en Los Ángeles para Dudley Murphy, además de estupendos dibujos del viaje al Norte de Berni que se conectan con el mural que posee el Malba.


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