3 de mayo 2012 - 00:00

Orquesta Rusa: gran debut de Amijai 2012

El legendario director uruguayo José Serebrier dirigió a la Orquesta Nacional Rusa en la apertura de la temporada musical de Amijai.
El legendario director uruguayo José Serebrier dirigió a la Orquesta Nacional Rusa en la apertura de la temporada musical de Amijai.
Orquesta Nacional Rusa. Dir: J. Serebrier. Obras de L.van Beethoven, P. I. Chaikovski y A. Dvorak (30 de abril, Templo de la Comunidad Amijai).

No pudo haber tenido una mejor apertura el ciclo 2012 de conciertos del Templo de la Comunidad Amijai. El legendario director uruguayo José Serebrier (de quien se recuerda siempre el elogio de Leopold Stokowski a propósito de su manejo del balance) dirigió magistralmente a la Orquesta Nacional Rusa, el organismo independiente con 22 años de actividad.

Uno de los rasgos más sobresalientes de los integrantes de este organismo sinfónico es una concentrada y apasionada actitud frente a la música, sea cual sea el autor al que interpretan. En la primera de las obras ofrecidas, la obertura «Egmont» de Beethoven, se pudo comenzar a sentir la vehemencia de sus arcos y limpidez de sus maderas, una constante en todo momento.

El «Concierto para violín» en re mayor de Chaikovski tuvo en Alexei Bruni a un solista de gran categoría, con un sonido suntuoso y cautivante, afinación impecable y sobrado virtuosismo, pese a una cierta parquedad en el fraseo especialmente notoria en el segundo movimiento. Perfecto fue aquí también el desempeño de la orquesta, siguiendo las fluctuaciones en el tempo y otras «nuances» impartidas por Serebrier. Como bis, Bruni ejecutó brillantemente el número 28 de los caprichos para violín de Federigo Fiorillo.

La versión de la bellísima «Octava sinfonía» de Antonin Dvorak fue un auténtico festín. Aquí el sonido característico ya subrayado de las cuerdas tuvo un marcado protagonismo, en tanto que los bronces sonaron con una perfección apabullante -impactantes en la introducción del «Allegro ma non troppo» final-, y no menos destacables fueron los solos de las maderas. En el «Adagio» la capacidad retórica de Serebrier y su inteligencia para destacar y equilibrar los planos fueron evidentes.

Tres bises regaló la Orquesta al público que la ovacionó de pie: el «Aria» de la suite para orquesta n° 3 BWV 1068 de Bach (mal conocida como «Aria para la cuerda de Sol») en una versión filológicamente discutible pero plena de intención musical, «Oblivion» de Astor Piazzolla, con el excelente solo de oboe de Vitaly Nazarov, y finalmente la «Danza eslava n° 2» de Dvorak de la que fue difícil imaginar una versión mejor que la de la orquesta rusa.

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