20 de agosto 2009 - 00:00

Otra base aérea causa insomnio a Hugo Chávez

Ahora hay otra base militar más en la lista negra de Hugo Chávez. No está en Colombia, como las siete que generaron la controversia entre Bogotá y Caracas, propagada luego al resto de las capitales latinoamericanas. Está en Honduras y es la de Palmerola. Allí hizo escala, para abastecerse de combustible, el avión que conducía al depuesto presidente Manuel Zelaya hacia Costa Rica en la madrugada del golpe del 28 de junio.

En la base aérea de Palmerola, que es controlada por la Fuerza Aérea hondureña, operan los 600 efectivos -entre soldados, marines y aviadores- de la Joint Task Force Bravo (JTFB), dependiente del Comando Sur de EE.UU. Tiene la pista aérea más larga y moderna de Honduras. También tiene su historia: fue activada en 1984, cuando Washington decidió intervenir contra el sandinismo en Nicaragua, abasteciendo a los «contras». Sirvió, además, como plataforma de lanzamiento para las operaciones de contrainsurgencia en El Salvador. Por eso, para Chávez, Palmerola (o Soto Cano, como la llaman los estadounidenses) es sinónimo del imperialismo más recalcitrante.

En esa línea se explica también que, después de que la semana pasada, en Brasilia, «Mel» Zelaya dejase trascender lo de la escala ante el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y su asesor Marco Aurelio García, Chávez saliese al ruedo con la teoría de que el avión bajó en Palmerola para que «los militares hondureños golpistas discutieran con los oficiales yanquis qué hacer» con el depuesto presidente. Pidió, como es de rigor, que Washington «retire la base». La conspirativa versión tuvo que ser desmentida por Philip Crowley, vocero del Departamento de Estado. «Los miembros de la JTFB no tuvieron conocimiento ni parte en las decisiones de ese avión que aterrizó, cargó combustible y se fue», dijo.

Existe, sin embargo, una razón de peso que trasciende lo anecdótico. Y en la que Palmerola simboliza una de las contradicciones de Wa-shington en Latinoamérica. En junio de 2006, el presidente Zelaya había obtenido del presidente George W. Bush el compromiso de financiar la conversión de esa base aérea en aeropuerto comercial (para reemplazar al obsoleto de Toncontín, en la capitalina Tegucigalpa). Honduras, a cambio, le ofrecía al Gobierno de EE.UU. el traslado de la base a la zona de Mosquitia, en el este del país y en la frontera con Nicaragua. Un mejor emplazamiento para la JTFB, sobre el corredor de la droga que va desde la zona andina sudamericana hacia EE.UU.

Pero las demoras en Wa-shington, además del recambio presidencial, dejaron esa inversión en el tintero. Zelaya, mientras tanto, se había comprometido con los hondureños a que habría nuevo aeropuerto y una autopista para fines de 2008. En el ínterin, con la suba del precio del petróleo, Honduras, uno de los países más pobres de América Latina, tuvo que destinar casi un 60% de su presupuesto de 2007 para saldar su deuda en combustibles, luego de que EE.UU. le negase ayuda financiera en ese rubro.

A principios de 2009, el presidente Zelaya anunció que serían las Fuerzas Armadas hondureñas las que se encargarían de la reconstrucción de Palmerola. ¿Y el dinero para encararla? De Petrocaribe, la petrolera fundada por Chávez para los países de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA). A ese organismo, de la mano de Zelaya, había entrado Honduras en agosto de 2008. El venezolano, por su parte, había sabido aprovechar otro momento de contradicción, o distracción, del «imperio». De allí la importancia de una Palmerola, sin yanquis, para Chávez.

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