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Otra víctima del ajuste militar
Otra vez el factor humano se señala como el único elemento desencadenante de un siniestro de aeronaves militares. Es la primera evaluación con que cuenta la Aviación Militar, resta el análisis más detallado de los parámetros de vuelo, la performance de entrenamiento del piloto y las condiciones de mantenimiento del helicóptero matrícula AE-404 destruido en proximidades de Las Lomitas. Menuda carga para el herido teniente primero Matías Vascourleguy (piloto) y para el teniente Federico Gauna (copiloto), enfrentar ahora la burocracia de un sumario con la única defensa de exiguas horas de vuelo, tantas como son posibles con un presupuesto operativo que se redujo en este trimestre más del 60 por ciento. ¿Es posible volar y adiestrarse en operaciones de combate en condiciones adecuadas de seguridad con recursos cada vez más estrechos?
La falta de mantenimiento de las aeronaves, el agotamiento del material y la disminución del adiestramiento de los pilotos por la reducción de las horas de vuelo surgen como las explicaciones probables de estos accidentes.
El 13 de setiembre de 2006 murieron dos tripulantes del Grumman OV-1D Mohawk del Ejército al precipitarse a tierra instantes posteriores al despegue. Esa maniobra y la de aterrizaje son los momentos más riesgosos del vuelo, y por ende donde se enfatiza la práctica de superar emergencias típicas como la «plantada» de un motor. El siniestro del Mohawk también se debió a una errónea resolución de la emergencia por parte del piloto. No podría haberlo hecho de otra manera -salvo por azar- con las escasas horas de vuelo con que contaba para un avión exigente como el bimotor Mohawk.


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