Pacho O’Donnell y su placer secreto

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"Me doy permisos", dice Pacho O'Donnell cuando se le pregunta por esta nueva exploración suya en las artes. A los 76 años, y en un gesto que lo iguala a otros referentes de la vida argentina que se iniciaron, a la edad de la sabiduría, en la expresión plástica -como Ernesto Sabato-, el dramaturgo, novelista, psicoanalista y exlegislador, embajador y funcionario cultural inauguró, el pasado jueves en el Centro Cultural Borges, la muestra "Un placer secreto", una colección de platos intervenidos con la curaduría de Rodrigo Alonso.

El permiso que se da el autor de "El tigrecito de Mompracén" no es algo nuevo, sólo que ahora, sin las tensiones de la función pública, dio el salto a la consideración pública y expuso ese placer secreto. "En mis años de hippie en Europa", cuenta "compré en Vallauris un plato turístico que representaba el famoso Quijote de Picasso. Fue la primera obra de arte que tuve en toda mi vida", sonríe. "La cuidé obsesivamente en todos los momentos del viaje, pero ocurrió lo inevitable, se rompió cuando ya estaba en Buenos Aires. El trabajo con platos fue ocupando, a medida que los años pasaban, un espacio cada vez mayor en mi necesidad de expresarme".

En los 48 platos expuestos en el Borges, selección realizada por el curador Alonso que representa menos de la mitad de su producción ("hace unos tres años, aproximadamente, que vengo trabajando en esto"), O'Donnell trabaja el collage con elementos múltiples, o bien con objetos de distinta procedencia, o bien directamente en pintura sobre el plato de barro común. "Pasé mucho tiempo recorriendo pinturerías, ferreterías", agrega. "A veces hay objetos directamente inspiradores, como una tuerca que puede evocarme la cabeza de Cristo, o un plomo que me evoca los cañones apuntando a los migrantes. Es con esos elementos que la obra, sobre el plato, empieza a configurarse".

O'Donnell, cuyo trabajo fue definido por Alonso como "conceptual", indica, sin embargo, que no es sólo la forma lo que le impone la obra, sino que también parte, en ciertos casos, de una idea previa para materializar artísticamente a través de los elementos de trabajo. "Una de mis obsesiones actuales son los migrantes, el sufrimiento, la pasión de los migrantes, y varios de los platos se unen temáticamente por esa idea".

El punto de partida de estas obras, según el autor de "La seducción de la hija del portero", están vinculados a su amistad y admiración por el artista uruguayo Carlos Páez Vilaró. Sobre el soporte del plato, en una técnica que recuerda la que alguna vez aplicó Páez Vilaró, hay pintura, palabras o frases, tornillos, bulones, tuercas, arandelas, eslabones de cadenas, relojes y llaves, entre otros objetos. En el catálogo de la exposición, que permanecerá abierta hasta el 23 de este mes en el Borges, Alonso ha escrito: "Este material engarza múltiples connotaciones, tanto plásticas como emotivas. Por una parte, es una superficie utilizada por numerosos artistas modernos y contemporáneos, desde Pablo Picasso hasta Marta Minujin. Por otra, remite a la práctica de la pintura de souvenirs, a esas reliquias exhibidas en las paredes de los hogares de antaño como ventanas abiertas a geografías lejanas, que muchas veces representaban lazos emocionales con antepasados y tradiciones".

"Hay otros dos objetos que suelen repetirse y que aportan unas remisiones específicas", continúa Alonso. "Los anteojos, por su relación con la mirada, y los relojes, en tanto representantes de la inexorabilidad del tiempo. A partir de estos elementos, Pacho O'Donnell encuentra una nueva vía para ejercer la tarea de la interrogación".

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