13 de noviembre 2009 - 00:00

Países emergentes emprenden una cruzada contra el yuan

Xie Xuren, Guido Mantega, Alexei Kudrin
Xie Xuren, Guido Mantega, Alexei Kudrin
Londres - Las economías emergentes, amenazadas por la fuerte apreciación de sus monedas que obstaculiza una recuperación basada en las exportaciones, se están atreviendo finalmente a unirse al coro de protestas contra la debilidad del yuan chino. Las quejas contra la moneda china han provenido tradicionalmente de las naciones más ricas del mundo, pero en la última reunión del G-20 hubo señales de que los países emergentes, aliados de Pekín en temas como el cambio climático y la reforma al FMI, podrían estar dándose vuelta.

El ministro de Hacienda de Brasil, Guido Mantega -integrante del llamado grupo «BRIC» junto con Rusia, China e India- dijo que quería plantear en la reunión el tema de la disparidad entre los tipos de cambio flotante y los fijos.

El régimen de tipo de cambio manejado de China favorece enormemente su competitividad y no sólo reduce las exportaciones de los demás países emergentes, sino que además, al alentar las importaciones de productos chinos, atenta de forma directa contra la industria local. Así, los reclamos de «equidad» en materia de política cambiaria, están empezando a alzar su voz. El ministro chino de Finanzas, Xie Xuren, se hizo el desentendido ante las quejas de brasileños y otros en la reunión del G-20, apuntando en cambio a la necesidad de que otras economías grandes trabajen para mantener los valores de sus monedas con el fin de evitar desestabilizar la economía mundial. «Todos los países deberían poner atención a la sustentabilidad de sus políticas fiscales y crecimiento económico, y tomar medidas oportunas y efectivas para enfrentar los riesgos potenciales, incluyendo la inflación», señaló Xie.

China podría permitir que el yuan suba un poco el próximo año si la recuperación de la economía mundial mantiene su curso. Pero sólo si Pekín se cerciora de que las actuales señales de recuperación son genuinas y no un mero producto de la recomposición de los inventarios y los estímulos gubernamentales de emergencia.

«Un yuan más fuerte es probable y enormemente deseable en el mediano plazo, pero por el momento, los demás mercados emergentes probablemente sigan frustrados», consideró Manik Narain, estratega de Standard Chartered, uno de los mayores bancos que operan en Asia. «No esperamos cambios en la política cambiaria de China hasta el segundo semestre del 2010. Las autoridades parecen pensar que la recuperación está sólo parcialmente afianzada y mientras la demanda doméstica está levantándose muy bien, el sector externo permanece bajo presión, con las exportaciones todavía en terreno negativo a nivel interanual», agregó.

Brasil, cuyos exportadores han advertido públicamente que están perdiendo participación de mercado frente a sus rivales chinos, recordó que los países desarrollados llevan años reclamando que el tipo de cambio yuan/dólar es demasiado débil y que se debería permitir que el yuan flotara más libremente. Muchas monedas emergentes fueron ganando terreno este año debido a los enormes flujos de sus mercados financieros y al auge de los precios de las materias primas. Algunas, como el real de Brasil o el rand de Sudáfrica, subieron hasta un 30% frente al dólar en 2009 y varios bancos centrales se vieron forzados a intervenir casi diariamente para limitar los avances que dañan a los productores.

China, con su tipo de cambio atado al dólar, no tiene ese problema. De hecho, después de tres años de permitir que el yuan se apreciara, lo fijó a la divisa estadounidense a mediados de 2008 para ayudar a los exportadores.

El ministro de Finanzas ruso, Alexei Kudrin, había detenido sus críticas a China en el G-20, pero en un golpe a la debilidad del yuan, comentó que era errado «crear condiciones de invernadero para algunas compañías al controlar artificialmente el tipo de cambio». «Hoy existe un debate que arde sobre la política de tipo de cambio de China, que mantiene un tipo de cambio controlado; un correcto tipo de cambio es uno que está determinado por factores objetivos y no por la acción de un banco central», añadió.

La presión es probablemente más fuerte en las economías asiáticas que dependen de las exportaciones, como Corea del Sur, Taiwán e Indonesia, donde los bancos centrales siguen una batalla diaria por detener la apreciación de sus monedas. El ministro indonesio de Finanzas, Sri Mulyani Indrawati, admitió que las naciones asiáticas están preocupadas por el yuan. El nerviosismo es cada vez mayor debido a varias razones, En primer lugar, hay señales de que la economía global podría estar recuperándose, lo que significa que hay potencial para aumentar los envíos comerciales. En segundo término, las naciones emergentes multiplicaron su comercio con China, principalmente vendiéndole petróleo y metales para sus fábricas, pero necesitan ir un paso más allá. «Lo que me sorprende es que las naciones emergentes se hayan tomado tanto tiempo para comenzar a presionar a China por su política cambiaria», señaló Richard Segal, analista de Knight Libertas en Londres.

Agencia Reuters

Dejá tu comentario