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Para llegar a Obama, eludió a Cristina
En el diseño del último derrotero de Zelaya, depuesto el pasado 28 de junio por un golpe cívico-militar, existe una clara intencionalidad política: apalabrar a los gobiernos de América Latina con mejor diálogo con el de EE.UU. para que lo ayuden a retornar al poder y aceiten, previamente, su agrietada relación con la secretaria de Estado Hillary Clinton. México, Brasil, Chile y Perú (si se concreta el encuentro con Alan García) son los países elegidos para esta gira. La Argentina no figura en la lista.
Sin embargo, aun en la búsqueda de nuevos intermediarios con llegada preferencial al consenso de Washington, al hondureño le cuesta desprenderse de algunos de sus compañeros de viaje. Zelaya se mueve en un avión con matrícula venezolana, propiedad de la petrolera PDVSA. Y lo acompaña una comitiva de 30 personas, encabezada por el embajador de Venezuela en Honduras (antes lo fue el canciller venezolano Nicolás Maduro), además de Patricia Rodas, canciller, y Enrique Flores, jefe de Gabinete.
La irregularidad de la situación del viaje «oficial» de un presidente removido de la presidencia pone a quienes lo reciben en situaciones incómodas. Víctor Lozano, embajador de Honduras ante el Gobierno de Brasil, no fue a recibir a Zelaya y su comitiva al aeropuerto. Un día antes, el diplomático hondureño había optado por internarse, incomunicado, en el Hospital Militar de Brasilia. El diagnóstico de una dolencia al corazón le permitió zafar del tironeo entre el actual Gobierno en Tegucigalpa y el «homeless» Zelaya.
Con la experiencia del mal rato diplomático que acarreó el viaje del hondureño a Brasil, la Cancillería chilena se movió rápido. Apenas 24 horas antes del desembarco -también como visita de Estado- de Zelaya en Santiago, el Gobierno de Bachelet le retiró la acreditación como embajador al hondureño Francisco Martínez, quien, para peor, se había manifestado públicamente como pro Micheletti. Y además envió de urgencia a Washington al canciller Mariano Fernández. Una manera de quitarlo del medio en un escenario de posibles pronunciamientos de compromiso, por un lado. Por el otro, encomendarle una misión: pedir por la restitución de «Mel» Zelaya en Honduras en entrevistas con Thomas Shannon -secretario adjunto para Latinoamérica del Departamento de Estado- y su futuro reemplazante, el chileno Arturo Valenzuela.


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