Puede calcularse que, en la mayor parte del área agrícola, el aporte hídrico recibido alcanzará para que los cultivos puedan continuar su ciclo entre 7 y 10 días adicionales, cumplidos los cuales, si no se produjeran nuevas lluvias, volverían a quedar al borde del desastre. Por lo tanto, se abre un nuevo lapso a la espera de que se produzcan nuevas lluvias, que generará no poca ansiedad entre todos quienes estamos ligados al sector agrario.
Dado que es poco probable que se produzcan lluvias suficientes para recargar plenamente el perfil de humedad de los suelos, y asegurar la cosecha, debe esperarse que esta espera angustiosa se repita varias veces a lo largo de los próximos dos meses, antes de que logre superarse el riesgo de desastre.
La masa de aire frío, que entró detrás del frente que produjo las precipitaciones de los días precedentes, hará que la última semana de enero observe condiciones de tiempo seco y despejado. Hacia el final de enero se producirá el paso de un frente de tormenta, pero sus efectos se limitarán a causar un leve descenso térmico, y sólo el oeste del NOA registrará un foco de tormentas con precipitaciones abundantes. Las temperaturas empezarán con registros inferiores a lo normal, pero ascenderán rápidamente hasta restablecer la ola de calor estival, incrementando el consumo de humedad de los cultivos y pasturas, y volviendo a estresar a los cultivos.
El lapso seco y cálido se extenderá hasta los primeros días de febrero, momento en que el paso de un frente de tormenta volverá a producir precipitaciones. Según se previno en la perspectiva anterior, las lluvias de febrero producirán grandes contrastes, pudiendo distinguirse tres situaciones bien diferen-ciadas.
(*) Ingeniero agrónomo, especialista en agroclimatologí[email protected].



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